Honduras
¿Quiere café? Le preguntó Ángela Aceituno a “La Coronela”, (en voz alta en su oído izquierdo, porque ya está perdiendo la audición a causa de su edad) “Sí, pero con pan” le respondió .
Permanece sentada en su silla de ruedas, como sucede todos los días, en el asilo de inválidos del hospital San Felipe.
“La Coronela” es una anciana de 98 años, su nombre es María Leonor Aguilar Aguilera, nació en Texiguat, El Paraíso, el 1 de julio de 1912.
Según cuentan recibió el sobrenombre de “La Coronela” por haber trabajado junto al ex presidente Tiburcio Carías Andino.
“Ella cuando platica dice que le llevaba los periódicos, le pasaba las visitas, era la secretaria de él, por eso le dicen “La Coronela”, dijo Ángela Aceituno, enfermera que la asiste.
Y por las casualidades de la vida, el asilo fue inaugurado bajo la administración del General Carías, en 1943, el que ahora es su casa.
Al ver el fotógrafo de EL HERALDO, sin pensarlo dos veces hizo el saludo militar llevándose la mano derecha a la sien, y le dijo a Ángela: “Apártese que es a mí a quien le van a tomar la foto”.
Un pasado de luchas
“La coronela” ingresó al asilo de inválidos el 30 de septiembre de 2003, cuando tenía 91 años, tiene problemas de circulación sanguínea, lo que le impide poder caminar a pesar de ser una anciana delgada.
De su pasado se rumora que tiene un hijo, quien la ingresó en el asilo y nadie sabe quién es, ni donde vive.
Muchas personas la conocieron en el mercado San Isidro porque frecuentaba a una amiga conocida como “Chela” en un puesto de quesos, “dicen que si uno le llevaba papeles ella se los tramitaba, es bien conocida en el mercado”, dijo la enfermera Rosa Cruz Cano.
“Mire, es cosa seria, es cachureca a muerte, bueno si fue parte de la ‘Mancha Brava’ (un grupo de mujeres activistas del Partido Nacional de Honduras), explicó Cruz Cano, pero a pesar de tener tantas amistades “nadie se da una pasadita para visitarla, está olvidada ‘La Coronela’”, dijo.
Ángela le preguntó: “Coronela, usted quiere a ‘Pepe’? (refiriéndose al presidente de la República) y ella con seguridad le respondió “no lo quiero, lo adoro mija”.
Después de haber contestado la interrogante de quien la asiste, le dijo: “Conseguime un cigarrito”, haciendo un ademán con sus dedos índice y medio, ya que le gusta fumar, pero los médicos se lo han prohibido.
Algunas necesidades
Las enfermeras de este centro asistencial dicen que las necesidades que está pasando la anciana son múltiples, entre medicamentos, ropa insumos de aseo personal entre otros.
“Mire, ella necesita un medicamento llamado Sufrexal, por su problema de circulación, y vale 600 lempiras y en el hospital San Felipe no hay, no tiene zapatos, por eso la ve descalcita, y lo más importante, la comida, a todos se les da de comer, pero necesitan más calidad en la alimentación”, urgió Aceituno. En el asilo de inválidos viven 58 ancianos, de estos 24 son mujeres.
A pesar de su avanzada edad, la entrevistada no pierde el sentido del humor y con un beso se despidió de nosotros y dijo que esperaba volvernos a ver, mientras le llevaban el café, mismo que rechazó al verlo, lo devolvió y dijo: “¡qué poquito!, échemele más... ¿y las rosquillas?, preguntó.