Honduras
Todos los dÃas, a las 6:00 de la mañana, Francisco Amador se "shampusea" la barba porque "no soy un Santa Claus como el de los moles, mi barba es original".
Pero lo que es más auténtico en Amador, odontólogo de profesión, es su corazón, que en esta época de fin de año desborda más compasión y alegrÃa.
Barbado cano hasta el pecho, gorro, saco y pantalón rojo y botas negras son la indumentaria de Papá Noel, que utiliza para repartir cientos de juguetes a niños pobres de la calle y enfermos en hospitales públicos.
La samaritana labor la realiza desde que tenÃa 20 años, al ver la necesidad de afecto que tenÃan miles de pobres, especialmente los niños.
"Me ha motivado mi familia y ver tanta problemática de mi paÃs, ver la sonrisa de un niño no tiene precio y eso me motiva", dice Amador.
El "Polo Norte" de este hombre de bien es el asilo de ancianos Centro de Reposo para el Adulto Mayor (Ceder), que él dirige y donde da albergue a unos 26 abuelos.
En la entrada y el estudio del asilo hay decenas de cajas llenas de juguetes, carros, muñecas, aviones, pistolas y hasta figuras de la pelÃcula Narnia, entre otros trastos que hay por aquà y por allá.
"Tené este avión, este es tu regalo de Navidad", le dice Francisco Amador a un menor que llegó junto a su madre a la puerta del asilo.
Los lugares donde se presenta este San Nicolás de los pobres son hospitales como el Mario Mendoza, de San Pedro Sula y el Escuela de la capital.
También toma su vehÃculo para repartir presentes a niños de la calle que si no fuera por la obra de amor de Francisco, pasarÃan una Navidad si diversión.
"Santa" dejó hace ocho años el mundo de los dientes para dedicarse por completo a su labor benéfica, por lo que obtener regalos para dar en esta Navidad siempre es un reto.
"Estos regalos los obtengo en parte por mis recursos y por un grupo de amigos que nos ayudan, son voluntarios que nos ayudan en esta obra de amor", dice.
De la cantidad de obsequios que reparte en esta temporada festiva asegura no saber, "son tantos que no sé, lo más importante es que muchos niños disfrutan de un momento de alegrÃa".
Relata Amador que antes de dedicarse a la filantropÃa y a la profesión de odontólogo estuvo varios años en un monasterio en España porque querÃa ser cura, pero no culminó esa meta "porque me encontré la vida diferente" pero siempre conserva los valores espirituales que se inculcan en esos conventos.
¿Cuántos años tiene? se le consulta a Amador, pero evade dar una respuesta concreta al contestar que "Santa Claus" no tiene edad... ¡ja!, ¡ja!, ¡ja!".