Honduras
Las fuertes disputas por el liderazgo de los campeonatos juveniles y adultos de los barrios y colonias de la ciudad cuentan con el respaldo de un arbitraje de primera.
El pitaje de las faltas, tiros de esquina, saques de puerta, penales y de los esperados goles están avalado por la experiencia familiar de los hermanos Velásquez.
Dimitri, Carlos y Wilmer Velásquez son el trío de hombres que en medio de las canchas cambian sus trajes de vestir por tacos, calzonetas, camisetas y pitos para juzgar cada una de las jugadas de los astros desconocidos del deporte.
Su accionar se desenvuelve en torneos de fútbol entre equipos de diferentes comunidades y las ligas deportivas bancarias y de diferentes empresas públicas y privadas.
La apasionante profesión no interfiere en sus actividades diarias como el trabajo, el estudio y las responsabilidades del hogar. Siempre hay un espacio para pitar un partido.Nacidos para las canchas.
Provenientes de una familia con ocho generaciones de árbitros, los hermanos Velásquez se sumaron a la tradición familiar.
Wilmer comenzó hace 9 años en el colegio Jonh F. Kennedy. “Mi pasión por del deporte nace con el baloncesto, pero llegó un tiempo en que no tenía trabajo y mi esposa estaba embarazada, entonces mi hermano me dijo que podía llegar al colegio a aprender a ser réferi”, recuerda.
Wilmer reconoce que comenzó como un trabajo, pero asegura que cada vez que ingresa a una cancha se le sube la adrenalina al máximo por lo que hace.
“Los árbitros somos siempre los malos de la película”, dice, mientras trata infructuosamente de borrar esa percepción con una sonrisa.
Lo que más le apasiona es el reto de mantener la confianza de la gente en sus decisiones en la cancha.
Actualmente Wilmer trabaja como conserje en la Secretaría de Finanzas y estudia bachillerato en ciencias y letras.
“Combino el trabajo con el fútbol, gracias a Dios trabajar en el gobierno representa una ventaja para mí, pues salgo a las cuatro y no trabajo ni los sábados ni los domingos”, expresa.
De vez en cuando, el juez de cancha lleva su propia barra: a su hijo Kevin Jasiel y su esposa Amy Salgado.
Dimitri, para el caso, es el más veterano del trío arbitral y toda la vida ha sido aficionado al fútbol. Lleva 17 años ejerciendo esta apasionante profesión y aún recuerda su primera pitada.
“Mi primer partido fue en la colonia La Travesía, una experiencia terrible, yo era el juez de línea y anulamos un gol que no lo vio el árbitro central, ja, ja, ja fue un partido muy duro”, asevera.
Dimitri recuerda que el año (2008) que los árbitros de la Liga Nacional entraron en huelga, le tocó con sus hermanos pitar algunos encuentros. “Estuve como auxiliar en el partido entre Motagua y Broncos en un preliminar”, dice con orgullo.
Dimitri agrega un ingrediente más a su faceta de multiusos. Ha aprendido a combinar el arbitraje con sus actividades de supervisor de ventas, dibujante, maestro de artes plásticas y su misión de cristiano evangélico.
“Los domingos después de la iglesia, por la tarde, dirijo los partidos. Para mí el arbitraje es un pasatiempo que nos permite botar el estrés. Yo trabajo desde las 4:00 de la mañana hasta las 7:00 de la noche”, resume.
Aunque Dios lo bendijo con tres hijas, ellas juegan fútbol y le ha tocado pitar sus encuentros, sueña con heredar a por lo menos un nieto la tradición familiar.
Es fiel seguidor del equipo azul profundo y su sueño es pitar una final del clásico nacional entre Olimpia y Motagua.
Entretanto, Carlos combina su trabajo como oficial de control interno en el Banco Covelo con su oficio de arbitraje con mucha propiedad, pues afirma que son carreras muy similares debido a que en ambas debe mantener el orden. Su experiencia de 17 años en las canchas le ha enseñado a mantener su carácter firme en cualquier circunstancia.
Una de sus mayores satisfacciones en este deporte fue poder pitar en Primera División durante 2008, cuando los árbitros se fueron a huelga exigiendo una revisión de tarifas.
Pero a pesar de esta experiencia, aún disfruta dirigiendo los partidos en las colonias La Travesía, El Pedregal, Brisas del Valle y Los Ángeles.
Como padre de tres hijos varones espera que alguno de sus hijos continúe con el oficio familiar.
Mientras tanto disfruta ver jugar a su ángeles, Carlos, Allan y Michael, en los espacios entre cada partido y de compartir un tiempo en familia con su esposa Linda Sierra.
El futbolito rápido está
de moda en la capital
El deporte más apasionante del mundo se puede disfrutar también en su versión de microfútbol.
El espacio reducido precisa de una gran habilidad técnica y dominio sobre el balón en los jugadores, así como velocidad y precisión en la ejecución tanto al recibir o pasar el balón.
Esta modalidad, que se juega con cinco jugadores en cancha, se ha vuelto una revolución en la capital, tanto que hasta las chicas lo practican.
Solo en la ciudad existen cientos de canchas e incluso establecimientos que ofrecen a sus clientes este servicio. Es normal observar a las orillas de la periferia de la ciudad, encuentros deportivos en este tipo de canchas que cierran hasta las 11:00 de la noche.
En ellas se desarrollan hasta campeonatos entre los empleados de empresas e instituciones públicas y privadas. Los partidos femeninos son los que captan la mayor presencia de espectadores.