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Los doctores de las sonrisas en Tegucigalpa

Se ganan la vida entreteniendo a la población. Su especialidad es aliviar la amargura y la tristeza, hacer desaparecer el llanto, por eso han invadido la ciudad.
15.01.11 - Actualizado: 15.01.11 11:50pm - Nolvia eguigure: nolvia.eguigure@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Para las penas, la tristeza, el dolor, la angustia, la nostalgia o la desesperación, ellos tienen la mejor cura: una gotitas de risa y un par de carcajadas.

En medio del caos vehicular, del ir y venir de las personas, de los promontorios de basura que hay por doquier y de los baches que afean a la antañona Tegucigalpa, estos doctores de la felicidad tienen el mejor remedio.

Para llegar a su consultorio no se ocupan de direcciones muy complicadas. Basta con abrir muy bien los ojos para encontrarlos en cualquier esquina de la ciudad.

Para "Pirulino", Cachinflín y Cokin, la plaza Morazán es su zona de batalla. La misión es borrar cualquier cara de amargura que se les ponga en frente.

Ahí, en el centro de la ciudad, ha nacido una nueva generación de payasos que, comprometidos con Dios y con los niños de 0 a 100 años de edad, llevan amor, alegría, magia y mucha diversión a una sociedad necesitada de felicidad. Ellos no cuentan con trabajo fijo, pero haciendo felices a las personas consiguen unos cuentos lempiras para darles sustento a sus familias.

"Pulgarcito", "Gigantón" y "Cepillín" son algunos de los nombres artísticos de estos capitalinos que se dedican al entretenimiento urbano.

Ellos invitan a los transeúntes o pasajeros de buses a volver a sonreír. Les recuerdan que el buen humor alimenta el alma, rejuvenece y ayuda a ver la vida desde un punto de vista más optimista.

Para ellos no hay horario de entrada ni salida, simplemente cumplen la misión de hacer sonreír a cada una de las personas que se cruzan en su camino.

Ejemplo

Para Pedro González, de 36 años, la tarea de hacer que las personas se rían a carcajadas es su mayor suerte.

"A veces nos sentimos tristes por algún problema que nos agobia, pero sabemos que al ponernos la nariz de payaso es un gran deber, sobre todo con el pueblo hondureño, que es el que necesita quitarse el estrés, olvidar sus penas", explicó.

"Mi compromiso es que el ser humano se encuentre alegre aunque sea por un segundo; por lo general hay días que nos dirigimos diariamente hasta a 100 personas, sin embargo, no conocemos a la mayoría, pero no cuesta mucho convencerlos", afirma el payaso.

Para estos intrépidos capitalinos solo existe una sola misión: hacer pasar un rato de alegría a miles de personas que no conocen.

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Su malabarismo no tiene límites, ellos muestran siempre su mejor show.
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