Honduras
A sus 44 años Juan García comienza a caminar, a hacer sus pininos como un niño inocente que se enfrenta a la vida. Pero no es tarde, para él, Dios le ha dado una invaluable oportunidad y no importa cuándo, cómo y dónde.
Lo importante es que este periodista empleado del Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha superado una etapa dura de su vida que esperaba desde hace decenas de años pero los médicos no se aventuraban a operarlo.
“Yo nací con una parálisis cerebral infantil que afectó mi sistema locomotor, mis pies eran hacia adentro, mis aductores estaban pegados, caminaba con mis piernas pegadas y pies hacia adentro, perdía el equilibrio con facilidad, no podía frenar ni pararme de un solo, paraba tres metros después”, recuerda.
Daba la impresión que Juan se iba a caer al caminar porque cada paso que daba lo hacía al ritmo de movimientos, de grandes esfuerzos físicos y mentales.
A veces era víctima de bromas crueles, como la que le hizo un colega: “traeme un vaso con agua pero cuidadito se te cae una gota”.
Pasadas las elecciones generales de 2009, Juan pidió permiso en el TSE y acudió a la cita que en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), tenía con el neuro ortopeda José Avilez Irías, el hombre que le transformó su vida.
En su informe médico, el especialista afirma: “Se trata de paciente con diagnóstico de una disfunción motora tipo parálisis cerebral, subtipo diplejía espástica. Marcha independiente inestable con acortamiento de aductores, isquiotibiales, aquiles e hiperactividad del tibial posterior. Presenta una rotación interna de ambas caderas, una rotación interna exagerada de ambas tibias”.
Juan nació así. Su madre cree que fue la influencia de una prolongada fiebre que le pegó cuando apenas tenía dos meses de embarazo.
“Pero también pueda ser que eso sucedió cuando mi madre dio a luz, pueda ser que haya yo tragado líquido amniótico o que me hayan apretado cuando nací”, cuenta él.
El desafío médico era enorme. Juan tenía que sufrir siete operaciones. Fue ingresado a las 4:45 de la tarde ante la mirada esperanzadora de sus familiares, de sus familiares, de sus padres Victoria Jiménez y Thomas García; de su compañera de hogar y de sus dos hijas: Valeria y Desiré, de 20 y 18 años, respectivamente.
La operación duró siete horas. La familia ya estaba desesperada pero pasada la medianoche de ese día 24 recibieron la noticia. “Salió bien”.
“Ha sido un cambio radical en mi vida, ha sido un proceso lento pero representa algo muy positivo para mí. Ha sido un sacrificio enorme pero me siento bien”, dijo a EL HERALDO.
Agregó: “La vida es maravillosa, Dios es perfecto, a veces uno no le toma el valor que tiene la vida”.
Juan se recupera paulatinamente. Va a recuperar, Dios mediante, su andar en un 80 por ciento.
Por ahora da pasos en andador, hace terapia en el Seguro Social, da gracias a Dios por la oportunidad que la ha dado y al cuerpo médico, encabezado por José Avilez, que creyeron que podrían contribuir a darle la felicidad que un día soñó cuando era niño.
La cifra
600,000
Es la cantidad de personas limitadas física y mentalmente en Honduras, pero no todos tienen la suerte de Juan.