Egipto
El ejército egipcio, a quien el presidente Hosni Mubarak cedió el poder antes de dimitir, se enfrenta a la colosal tarea de restaurar la estabilidad y responder a la vez a las aspiraciones de cambio democrático expresadas por la revuelta que derrocó al régimen.
El control del paÃs más poblado del mundo árabe por parte de la institución militar fue anunciada ayer en una lacónica declaración por el vicepresidente Omar Suleimán.
"Habida cuenta de las difÃciles condiciones que atraviesa el paÃs, el presidente Mohamed Hosni Mubarak decidió abandonar el puesto de presidente de la República y encargó al consejo supremo de las fuerzas armadas administrar los asuntos del paÃs", anunció el vicepresidente Omar Suleimán en una breve intervención televisada.
Este consejo está dirigido por el ministro de Defensa, el mariscal Mohamed Husein Tantaui, que hizo una aparición ante el palacio presidencial de Heliópolis, cerca de El Cairo, para saludar a la multitud.
En un comunicado publicado ayer, prometió "una transición pacÃfica del poder que lleve a una sociedad democrática libre".
El consejo supremo militar también subrayó "la necesidad de un regreso a la vida normal" y advirtió en contra de todo ataque a la seguridad del paÃs.
Pocas horas después del anuncio de la dimisión, el ejército volvió a hacer una declaración y aseguró que no reemplazará "la legitimidad querida por el pueblo".
La amplitud de las manifestaciones masivas del viernes, y quizás también las presiones internacional cada vez más fuertes, entre otras las estadounidenses, parecen haber llevado al ejército a aceptar un salida de Mubarak.
La incertidumbre reinaba sin embargo sobre la forma en la que la institución militar, adepta del secretismo, adoptará para gestionar el paÃs.