Egipto
En medio del estruendo de fuegos artificiales en el corazón de El Cairo, una multitud jubilosa mezcló exclamaciones de alegría con lágrimas de alivio cuando las manifestaciones pro democráticas lograron la caída del presidente Hosni Mubarak.
El mandatario, que hasta el final pareció incapaz de comprender la magnitud del rencor popular por sus tres décadas de gobierno autoritario, finalmente renunció ayer y cedió el poder a los militares.
"El pueblo derribó el régimen", entonaba la muchedumbre de cientos de miles de personas congregadas en la plaza central Tahrir y frente al palacio presidencial.
Las multitudes en El Cairo, Alejandría y otras ciudades rompieron a gritar, vivar y cantar mientras ondeaban banderas nacionales en un despliegue de entusiasmo. Danzaron, se abrazaron y levantaron las manos al cielo para orar después que el vicepresidente Omar Suleimán anunció la salida de Mubarak por la televisión nacional justo antes del anochecer. Algunos se postraron para besar el suelo mientras otros entonaban rítmicamente "¡Adiós! ¡Adiós!"
"Finalmente estamos libres", afirmó Safwan Abou Stat, un manifestante de 60 años. "Desde ahora, todos los que vayan a gobernar sabrán lo grande que es este pueblo".
Fiesta popular
Miles de personas de los suburbios capitalinos convergieron en la plaza Tahrir, o Liberación, para sumarse a la celebración por el triunfo del movimiento de protesta que comenzó con un núcleo reducido de activistas seculares y liberales en internet y se catapultó como el mayor levantamiento popular en el mundo árabe.
Las protestas ya han repercutido en el Oriente Medio, donde varios de los gobernantes autocráticos de la región se apresuraron a aplicar reformas democráticas para evitar sus propios movimientos de protesta. La lección fue clara: si ocurrió en apenas tres semanas en Egipto, donde el poder de Mubarak parecía inconmovible, puede ocurrir en cualquier otro país.
Por momentos, Estados Unidos pareció abrumado en su intento de no verse superado por la sucesión de acontecimientos, tratando de equilibrar su prédica por la democracia y el derecho a la protesta, por un lado, con su lealtad al viejo aliado Mubarak y los temores de que los musulmanes fundamentalistas aprovechen la ocasión.
Por su parte Israel veía la situación con alarma creciente, preocupado de que su tratado de paz de 1979 pudiera estar en peligro. Rápidamente demandó el viernes que el Egipto post Mubarak lo siga respetando.
La caída del faraón
Mubarak, ex comandante de la fuerza aérea, subió al poder después del asesinato en 1981 de su predecesor Anuar Sadat a manos de radicales islámicos.
Pero Mubarak dejó la presidencia como un símbolo de lo que estaba mal en Egipto: la corrupción, la represión, las esperanzas perdidas de un gran sector empobrecido.
Durante su gobierno manifestó una verdadera obsesión con la estabilidad, apoyándose en elecciones arregladas y una odiada fuerza policial acusada de torturas generalizadas para mantener el control.
Se resistió a los reclamos de reformas aun cuando creció el encono popular por la corrupción, el deterioro de la infraestructura y la pobreza general en un país donde el 40% vive por debajo o cerca de la línea de pobreza.
Hasta sus últimas horas Mubarak intentó aferrarse al poder, cediendo algunas de sus prerrogativas a Suleimán y conservando su título.
Pero una explosión de protestas en rechazo de esa medida pareció forzar a los militares a desplazarlo completamente. Cientos de miles de personas marcharon durante el día en ciudades de todo el país ante la inacción de los soldados, y rodearon los palacios presidenciales en El Cairo y Alejandría y el edificio de la televisión estatal. Un gobernador de una provincia sureña se vio obligado a huir a la seguridad en vista de las protestas.
Mubarak se fue a su palacio aislado en el balneario de Sharm el Sheik, en el Mar Rojo, a 400 kilómetros (250 millas) de la agitación cairota.
Su caída sobrevino 32 años después del desplome del gobierno del shah Irán.
El vicepresidente Suleimán -que parece haber perdido también su cargo tras el copamiento militar- mostró un semblante sombrío al formular el breve anuncio.
"En estas graves circunstancias por las que atraviesa el país, el presidente Hosni Mubarak ha decidido dejar su cargo como presidente de la república", afirmó. "Ha ordenado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas gobernar el estado. Dios es nuestro protector y nuestro auxilio".
Triunfo la oposición
El Premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei, cuyos jóvenes partidarios estuvieron entre los organizadores del movimiento de protesta, dijo a la Associated Press que "este es el mejor día de mi vida". "El país ha sido liberado después de décadas de represión", agregó.
Después de la renuncia de Mubarak, un vocero militar prometió por la televisión estatal que el ejército no actuará como sustituto de un gobierno basado en la "legitimidad del pueblo".
Agregó que los militares preparan los próximos pasos necesarios para "concretar las ambiciones de nuestra gran nación" y que los anunciará pronto. Elogió a Mubarak por sus contribuciones a la nación y después expresó pesar por los manifestantes muertos.