Honduras
No hay secreto en esta montaña, afirman los pobladores. La única maldición, si es que se le puede llamar así, es el peculiar e histórico clima de este cerro.
Desde tempranas horas de la madrugada el viento no para de soplar con fuerza, hasta entradas altas horas de la mañana. La neblina parece un recurso natural inagotable de la zona.
Eso es lo que ha hecho fracasar a muchos aviones por acá, analiza don Eulalio Rodríguez, un poblador de Las Mesitas que ha sido testigo de los últimos cinco accidentes ocurridos en esta región.
“La neblina los traiciona, los mata”, dice con cierto nivel de rabia e ira.
A eso se debe sumar que la altura del punto más alto de Cerro de Hula puede llegar a los 6,000 pies sobre el nivel del mar. Los aviones deben hacer su aproximación al aeropuerto Toncontín a 8,000 pies, según las reglas mandatarias de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).
El lugar donde se estrelló el Let 410 el pasado lunes está a 5,400, y el cerro tiene más altura, pues el impacto fue a un costado de la montaña.
Cuando se sube a ese sitio pareciera que falta el oxígeno y el corazón por poco estalla. El habla es nula, quizá como la visibilidad en horas de la mañana.
Cerro de Hula, a unos 15 kilómetros al sur de la capital, se vuelve más peligroso cuando se dice que hay “mal clima”.
Con el clima desfavorable la neblina puede dificultar la visibilidad, incluso a metros “ a veces ni los caballos del potrero se pueden ver”, dice don Pompilio Vásquez, de 60 años de edad.
Las últimas cinco naves
Desde 1989 han ocurrido cinco accidentes en una región de unos cuatro kilómetros cuadrados de esta zona.
Sin embargo, el recuento histórico del primer accidente se remonta a 1972. Desde ese año se han reportado 268 fallecidos en accidentes aéreos.
“Desde que yo recuerdo, todos los accidentes han tenido que ver con el tiempo (clima) porque se pierden y vuelan bajo”, relata don Pompilio.
“Recuerdo que el de Tan-Sahsa, cayó casi a la misma hora que este último, eran como a las ocho de la mañana, hacía frío... yo rescaté una señora que aún estaba viva, perdió los pies y el cuerpo estaba encendido en llamas, yo no sé ni como la sacamos”, relató don Pompilio.
Después se estrelló un carguero, siempre de Sahsa, dijo. Las otras tres han sido avionetas y han caído a cortas distancias, todas en el mismo cerro, apuntó.
Esa coincidencia se debe a que este sector está por debajo de la ruta certificada por la OACI para hacer el descenso a Toncontín.
Por tanto, es la entrada obligada para las aeronaves que vienen desde El Salvador. Mientras que las que traen trayectoria del norte del país solo deben cruzar por aquí cuando se debe hacer una aproximación por instrumentos, es decir cuando no hay visibilidad, y se debe usar la tecnología para hacer la aproximación y el aterrizaje.
El director de Aeronáutica Civil, Manuel Cáceres, detalló que las naves que vienen desde el norte deben hacer la aproximación por instrumentación por Las Mesitas (si los vientos están de norte de sur) pues es mandatoria por la OACI.
Hay que recordar, argumentó, que el altímetro se encuentra a casi dos millas de la cabecera sur de Toncontín, entonces los aviones deben entrar haciendo el descenso a unas siete u ocho millas de Toncontín, es decir cerca de Las Mesitas.
Ruta trágica
Los pobladores de Las Mesitas consideran que el único mal de ese lugar es estar ubicados en la ruta que definen los organismos internacionales de aviación.