Cuba
Un trozo de pollo desprovisto de carne es lo único que “Miguel” tiene en su refrigeradora.
Con pena dice: “les daría más, pero no tengo”. Su casa, situada en un vetusto edificio a pocas cuadras de El Capitolio, en realidad es una pequeña pieza de tres metros de ancho por cuatro de largo en la que apiñados están los muebles, una mesa para comer, el lavatrastos, el sanitario y un televisor de 20 pulgadas.
La gradas son de mármol curtido, pues esos inmuebles pertenecieron a personas pudientes que perdieron sus propiedades durante la Revolución.
El dormitorio es una obra del ingenio obligado por la necesidad.
Construyó una especie de tarima para dividir la habitación a dos metros de altura y tener un espacio de unos 70 centímetros para colocar su cama
¿Puede la historia de Miguel resumir el nivel de pobreza que existe entre los 12 millones de habitantes que tiene Cuba?
La pobreza absoluta se define, entre otras aspectos, cuando la persona consume menos de 2,400 kilocalorías de alimentos al día.
El gobierno cubano asegura que el consumo de kilocalorías de los cubanos es de unas 3,000.
Si es cierta esta afirmación oficialista ¿por qué sobran los cubanos que disfrazan una plática amena con un turista para limosnearlo?
Los datos precisos de la pobreza nunca se han podido dar con veracidad a lo largo del medio siglo de la revolución castrista.
O también es válido plantearse la razón de que Cuba tenga una tasa de suicidio del 24 por ciento por cada 100 mil habitantes, según la Organización Mundial de la Salud o que el 10 por ciento de su población haya huido al exilio y el éxodo continúe. La pagina web oficial del gobierno de Cuba no reporta el porcentaje de pobres, así como tampoco los expone la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos que constantemente monitorea ese tipo de datos a nivel mundial.
A falta de estadística sobre ese rubro, la realidad hay que palparla en los barrios y calles de la isla.
Lo que es evidente es un progresivo deterioro de la calidad de vida de la gente.
En Cuba es raro ver mendigos de forma abierta como la que se acostumbra en el resto de América Latina, pero sí una población inconforme con el nivel de vida que tiene porque sus ingresos son raquíticos.
El salario promedio en Cuba es de 20 Pesos Convertibles Cubanos (CUC), equivalentes a unos 18 dólares, es decir, al rededor de 342 lempiras.
Un médico o una profesora gana unos 10 dólares, casi 190 lempiras.
El ingreso anual de un cubano es de unos 240 dólares, o sea, el equivalente a unos 4,560 lempiras.
El régimen castrista señala que el ingreso per cápita es de 9,000 dólares anuales, pero no fija esa cifra, según las normas internacionales. Se supone que esta cifra lleva incluida toda la asistencia estatal para los cubanos, es decir inversión en salud y educación, entre otras.
Clase privilegiada
El gobierno cubano eroga millones en mejores salarios de policías y militares, quienes perciben unos 40 o 50 dólares mensuales.
Los médicos que salen a misiones de brigadas en el extranjero son una clase privilegiada, pues sus ingresos superan los 50 dólares, al igual que los artistas que sobresalen y los atletas de alto rendimiento, quienes dependiendo de su nivel pueden recibir hasta dignos y mejores tratos que los del ciudadano promedio.
El subsidiado sistema de provisión de alimentos por medio de la libreta de abastecimiento apenas le ajusta a los cubanos para comprar comida para unos 12 días en promedio.
“La libreta” permite a los cubanos acceder a un limitado conjunto de alimentos, principalmente granos como arroz, frijoles, café, aceite y sal a precio subvencionado.
El valor de los productos registrados en “la libreta” ronda los 8 dólares, unos 152 lempiras, y la misma solo puede ser usada una vez al mes. Después comienza una odisea para poder adquirir comida.
Menos alimentos
Pero el inventario de “la libreta” alimenticia es cada vez más raquítico, pues aunque existe una lista de productos ofrecidos la disponibilidad de los mismos merma con el pasar del tiempo. “Yo no uso la libreta desde que Batista era cabo, se la regalé a una hermana porque esa mier… no sirve para nada”, expresa con enojo “Juan Carlos”, un conductor de taxi, quien tiene un mejor nivel de vida que la mayoría de sus compatriotas por manejar una unidad que el Estado le alquila.
Cuando la persona consume su cuota de abastecimiento o simplemente no hay, le queda la oportunidad de obtener alimentos en mercados populares en los que los precios son más elevados que los que se consiguen en las bodegas de Estado, en donde se reclaman por medio de la libreta. Una libra de papas puede costar un dólar y si bien no parece un costo exorbitante, para los cubanos obtener un dólar es toda una aventura... o mejor dicho una desventura.
La libra de carne molida, esa que solo es un recuerdo en las bodegas de Estado, se cotiza en unos 4 dólares, el doble de lo que cuesta en Honduras.
Existen otros establecimientos comerciales que son usados tanto por turistas como por cubanos con un nivel de ingresos mejor.
“Carlos”, un conductor de bicitaxi cuenta que con sus 80 dólares de ganancia al mes (él percibe un poco más por tener una licencia de trabajador por cuenta propia) y tiene que recurrir a medidas extremas para darle lo necesario a su hijo de un año.
“Los culeros (pañales desechables), no me ajustan, por lo que mi mujer los lava cuando el niño los ha usado, les quita lo de adentro, los lava y le pone algodón para volverlos a usar”, relata mientras pedalea en la calle frente a la Plaza de la Revolución.
Vida dura
Con un ingreso promedio de 20 dólares al mes la mayoría del pueblo cubano vive sumido en la aflicción porque tampoco tienen expectativas de que la situación cambie.
El gobierno manipula y maquilla algunas cifras sobre las condiciones de su población, incluso asegura que el nivel de vida es superior al del promedio de América Latina. No es necesario dominar las ciencias económicas para descubrir la falsedad de estas aseveraciones. Cuba es líder en educación, salud, turismo y tabaco, pero de ahí pare de contar por que lo que sigue es hambre y sufrimiento.