Honduras
pesar del fuerte sol, las espinas que hieren sus manos y las múltiples dificultades para poder arrancar las palma del olivo, Miguel Flores, junto a sus hijos, sigue fiel a la tradición con la que ha vivido desde hace más de 30 años.
La familia Flores, originaria y residente en la aldea Higueritos, Reitoca, Francisco Morazán, se prepara con varios días de anticipación para poder traer a venderlas en la capital de la República y así contribuir a fomentar la fe de millares de feligreses.
Flores detalló que desde tempranas horas, y con al menos tres días de anticipación al Domingo de Ramos, inician con las tareas de corte, "empezamos temprano, antes que este sol se ponga fuerte, a mediodía le aseguro que uno no puede ver para arriba para ver dónde están las bellotas", explicó.
Miguel es un hombre de más de 40 años de edad, quien no pierde el fervor religioso y le transmite a sus dos hijos, Álvaro e Israel, esta tradición.
Más que un negocio
La familia Flores se dedica a las labores agrícolas, principalmente a la siembra de maíz, pero en esta fecha de la festividad de Semana Santa, se toman un tiempo en sus tareas y para conseguir las palmas de olivo para los feligreses.
"Primero cortamos la flor, otras personas le llaman bellota, eso lleva un gran trabajo, para desespinarla", mencionó Flores, mientras con el filo de un machete le cortaba de arriba hacia abajo las espinas a la bellota.
Esta bellota tiene una forma cilíndrica y en el interior están las flores que adornan y aromatizan los ramos. Por fuera es de color café y con una contextura como de tela de gamuza, cada una mide un metro de largo aproximadamente y es bien pesada.
El manejo de esta parte de la palmera es bien delicado, "se baja con cuidado por dos cosas: porque está recubierta de espinas y porque si se cae, hasta allí no más llega, se abre y ya no sirve para llevarla a vender porque se desgranan, es una pérdida", explicó el humilde campesino.
Una vez ya cortada y quitadas las espinas, se empacan en sacos no más de 6 bellotas, para evitar que se maltraten, dijo Flores.
"Para bajar esto uno se lleva hasta dos días, entre las bellotas y las palmas". Las palmas se eligen las más jóvenes es decir, las que nacen en la punta de la palmera, el proceso para bajarlas, también es de mucho cuidado, porque tiene espinas muy grandes y ponzoñosas en los bordes.
Una vez empacadas, se las traen en las espaldas hasta tomar el bus, "nosotros sacamos unos tres sacos, nada más".
El pago que reciben por cada saco es poco, asegura Flores, "lo que ganamos por cada saco es una tontera, son unos 200 a 400 lempiras, y en el bus le cobran a veces hasta 40 pesos (lempiras) por cada saco".
El agricultor afirmó que no es un negocio rentable y que es más el trabajo que se hace que lo que se gana monetariamente.
"La espinada es grande, y una vez puestos en Tegucigalpa la gente no quiere pagar los cinco lempiras que pedimos por los ramitos, sin tomar en cuenta que tenemos que dormir en la calle para estar tempranito vendiendo", dijo el hombre.
"Nosotros lo vendemos por la tradición, los llevamos a la Catedral y la iglesia de Los Dolores", dijo.
Tradición religiosa
Las palmas de olivo son utilizadas en la tradición Católica-Cristiana en la que los feligreses los llevan en representación de "La entrada triunfal" de Jesús en Jerusalén, en donde las personas lo recibieron con palmas en sus manos, lo que significa un simbolismo en esta época.
El Domingo de Ramos es el primer día de la Semana Santa, período en que conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Las ceremonias litúrgicas de ese día comienzan con la bendición de las palmas y ramas de olivo o laurel que llevan en sus manos los fieles, rememorando el pasaje evangélico.
En la celebración nacional, dependiendo del sitio, así se usan las palmas, si es en la capital y en Comayagua se usan las palmas de olivo, si es en el norte del país se usan las palmas de manaca (otra palmera), y en el occidente se usan las de pacaya.
Para Miguel Flores, la palma de olivo es la mejor, "el olivo es una de las plantas más antiguas, cuando el Diluvio, Noé esperó que las aguas bajaran y envió una paloma y regresó con una hoja de olivo (según la historia bíblica relatada en el libro de Génesis)", mencionó.
La celebración del Domingo de Ramos a lo largo de los distintos países de tradición Católica, y al margen de las celebraciones litúrgicas (rituales en la iglesia), diversas manifestaciones populares conmemoran la entrada en Jerusalén y, en muchos casos, dan comienzo a las procesiones de Semana Santa.
Luego del Miércoles de Ceniza, donde se inicia la Cuaresma o los 40 días que se recuerdan antes de la Crucifixión de Jesús, este es el segundo día de celebración e inicio de la Semana Santa.