Honduras
Todo se había consumado. La tarde del Viernes Santo, una capa de nubes grises cubrió el cielo capitalino, dibujando la tristeza, el dolor y la impotencia de muchos por la muerte de Jesucristo.
Por las calles del casco histórico de Tegucigalpa, y al son de las marchas fúnebres, miles de católicos acompañaron la imagen inerte del hijo de Dios hasta su última morada. La dolorosa escena bíblica del Santo Entierro se vivió con intensidad en cada participante que se aglomeró en las estrechas avenidas por donde se realizó la procesión.
El solemne acto inició en la Catedral, siguió por la antigua Casa Presidencial y continuó por la avenida Cervantes, hasta El Arbolito, y finalizó pasadas las 11:00 de la noche en la capilla del Sepulcro en la iglesia El Calvario.
Una vez más, los Caballeros del Santo Entierro cobraron relevancia entre la multitud al cargar en sus hombros el anda y de esa forma evangelizar a toda criatura que necesita del Señor.
Este año, el anda donde yace el cuerpo inerte de nuestro Señor estuvo presentada por un carro de fuego con caballos de fuego, espectáculo que volvió más impresionante la noche.
La temática estuvo basada en la lectura bíblica: "He aquí que apareció ante ellos un carro de fuego con caballos de fuego... y Elías subió al cielo en un torbellino", de Segunda de Reyes 2:11.
El anda era seguida de una procesión de imágenes religiosas del siglo pasado, como la Verónica, La Dolorosa, María Magadalena, San Pedro y José de Arimatea, entre otras personalidades.
Las coloridas alfombras de aserrín que fueron un milagro de la fe católica le dieron colorido y majestuosidad al camino que recorrió la urna del Cristo Yaciente.