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Hay dos clases de resistencia: la honrada y la “conectada” con sus enemigos

Organizaciones gremiales lograron control del frente utilizando mecanismos poco democráticos, dice documento
13.07.11 - Actualizado: 13.07.11 09:08pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

En el informe "Para que los hechos no se repitan", la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) ha identificado una "fragmentación" a lo interno del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

Parte de esta situación se atribuye a que a lo interno del FNRP muchos trabajan más por sus intereses particulares que por los del grupo.

El análisis coincide en que el elemento aglutinador de la denominada resistencia es Manuel Zelaya, que es su coordinador nacional, pero identifica también este hecho como una limitante pues considera que en caso de que el exgobernante lograra una reconciliación con el Partido Liberal sería su principal amenaza, ya que perdería su elemento de unión.

EL HERALDO transcribe el análisis hecho por la CVR en su documento:

Surgimiento de nuevos actores sociopolíticos

El golpe de Estado y la crisis política han significado también que la oposición a la expulsión de Manuel Zelaya marca el inicio del movimiento denominado de resistencia, que aglutinó desde las primeras horas frente a la casa presidencial a diferentes sectores sociales que pedían su restitución.

Esta movilización espontánea que congregó a miembros del Bloque Popular, asociaciones obreras y campesinas, miembros de la UD y una gran masa de liberales, derivó semanas más tarde en la conformación del Frente Nacional de Resistencia Popular como fuerza organizativa que pedía el regreso de Zelaya y la convocatoria a una asamblea nacional constituyente.

Muchas de estas organizaciones habían estado apoyando el proceso de la cuarta urna en los meses anteriores a la crisis. De hecho, el Bloque Popular, al momento de los hechos del 28 de junio, estaba desplegado por todo el país en tareas de distribución de las urnas para la consulta. En la semana siguiente al 28, Juan Barahona, al frente del Bloque Popular, Rafael Alegría y Rasel Tomé llamaron a la conformación de un Frente Nacional Resistencia Popular contra el golpe de Estado e invitaron a todas las organizaciones sociales a unirse. Así, desde julio se fueron organizando marchas para protestar contra la salida de Zelaya y en contra de la participación en las elecciones de noviembre de 2009, abogando por la abstención.

Desde sus inicios, la resistencia estuvo conformada por más de sesenta organizaciones sociales. Entre las más relevantes están: el Bloque Popular (que aglutina a su vez a diferentes sindicatos y organizaciones campesinas o el grupo Los Necios), partidos de la izquierda hondureña (trotskistas dirigidos por Amaya y Lorenzo Zelaya; maoístas que forman Alternativa Patriótica), organizaciones magisteriales y diversas ONG. Pero, lo relevante es que una gran base de la resistencia la integraban liberales afines a Zelaya que estaban en contra de su expulsión, así como miembros relevantes de la UD y Pinu-SD.

Su objetivo principal es conseguir una plena refundación de Honduras a través de una asamblea constituyente participativa y popular con mandato revocatorio. Esta refundación permitirá que haya nuevos actores que aseguren un desarrollo pleno de los ciudadanos obedeciendo el mandato de las bases.

En la resistencia, la preocupación no es tanto el acceso a puestos de poder, sino el establecimiento de un proceso de construcción participativa. Para otros, sin embargo, la bandera que ellos tenían se las quitó Lobo: "Que el diálogo, que la constituyente, que la participación, que no sé cuánto… el presidente Lobo ha seguido una estrategia que le está dando resultado".

Las primeras fisuras en el FNRP aparecieron con las elecciones de noviembre de 2009. Para algunos esta fractura se debió a que comenzaron a primar los intereses individuales frente a los intereses de grupo, aunque no se abandonaron las banderas de la constituyente ni de la restitución de Zelaya.

El resultado de estas fragmentaciones fue que retiraron su participación en las elecciones con la renuncia de Carlos H. Reyes, candidato presidencial independiente, pero también de otros cargos que estaban en las listas de la UD, Pinu o el PLH: "La decisión de no participar fue de ‘Mel’, hubo un jaleo tremendo, hubo algunos que se retiraron con gran convicción, no podían participar en una elección de un gobierno de facto, otros porque sus bases dijeron no participen, otros porque no tenían recursos con qué participar, otros siguieron pensando que la solución era tener posiciones en el Congreso (como UD y algunos pocos del PL)".

La UD decidió participar por varios motivos: en primer lugar porque si el partido no participaba dejaba de existir como tal y, en segundo lugar, porque entendían las elecciones y el juego democrático como la vía por la cual se podía cambiar y transformar las cosas.

Sin embargo, reconocen que esta posición no fue fácil: "Fuimos al proceso electoral, compitiendo contra los partidos que dieron el golpe y en contra del boicot de la resistencia de la cual éramos parte… Fuimos al proceso electoral casi con pena, pues, con la vergüenza de decir: estamos en la resistencia, pero no tenemos otra opción".

El Pinu también estaba impulsando una alianza con sectores políticos independientes, sin embargo algunos de ellos sí renunciaron y eso afectó al partido, ya que unos no hicieron trabajo electoral y otros, puesto que la renuncia se produjo pocos días antes de las elecciones, generaron confusión a pesar de las sustituciones legales y por tanto afectando su fuerza electoral.

Desde el punto de vista organizativo, el Frente tiene presencia en los 18 departamentos y está organizada en cinco niveles territoriales: núcleos, frente local, frente municipal, frente departamental y frente nacional. Además, cuenta con una asamblea nacional compuesta por 500 miembros (anteriormente tenía 56 miembros) y está dirigida por un comité nacional (también ampliado por la presión de las bases) elegido por la asamblea nacional.

La evolución de la organización también ha hecho que se haya desplazado su foco de actividad. Al principio, la resistencia estaba en las calles mientras que ahora su necesidad de organización los ha llevado a intensificar sus reuniones, ahora ya de carácter interno.

El elemento aglutinador del FNRP es su líder y coordinador general: "Solo hay algo claro en el FNRP, su afinidad al presidente. La resistencia apoya a ‘Mel’ Zelaya. No tiene una manifestación clara, es un sentimiento". Pero, a la vez puede ser su principal amenaza, ya que si los esfuerzos de unidad del liberalismo dan su fruto y Zelaya regresa al PLH, la resistencia pierde su elemento de unión.

Además de esta dependencia, son varios los elementos que plantean problemas en la actualidad para el Frente. La integración de diversos movimientos y organizaciones sociales, así como disidentes de partidos políticos, hacen del FNRP una heterogénea coalición.

El principal problema señalado es en cuanto a su naturaleza, si se trata de una organización de tipo político y social, cómo articular la amplia gama de organizaciones e intereses que convergen en el Frente y qué objetivos plantea. Los problemas de la definición de objetivos y estrategias tienen mucho que ver con la diversidad interna del Frente. Pero, además, las diferentes tendencias que existen en su interior estarían pujando por una mayor participación en los órganos de dirección del mismo. Se le ha criticado el hecho de aislar esos sectores y el fuerte control que el grupo de Carlos H. Reyes ejerce en el mismo: "Para mí hay dos resistencias: una la de la gente honrada, que realmente le dolió ese golpe porque consideraban que Zelaya les estaba ayudando, o porque son de corazón liberales, que ellos siempre sufrieron golpes militares. La otra cosa es la otra resistencia: el grupito que aparecen como líderes de la resistencia, que son gente conocida tradicional, conectada incluso con sus propios enemigos, entre comillas".

Se ha dicho en ese sentido que la base del Frente es el liberalismo, pero las organizaciones gremiales que agarraron su control tienen fuerza en la conducción, no obstante que lograron ese control utilizando mecanismos poco democráticos. Ligado a este elemento hay que tener en cuenta qué estrategia debe seguir para alcanzar los objetivos propuestos. La disyuntiva de participar en el próximo proceso electoral, vía frente amplio, parece que sigue amenazando la unidad de acción de la organización política, dado que hay muchos sectores no inclinados a la vía electoral y que apuestan por el fortalecimiento del Frente. Pero, de igual manera, ese es un escenario a mediano plazo dado el calendario electoral del país. En general existe una buena predisposición entre los entrevistados ante una potencial conversión de la resistencia en partido político y su participación electoral en los procesos.

Sin embargo, al interior de la resistencia no existe la misma convicción. También algunos entrevistados han señalado que la participación electoral pasa por un cambio en la normativa electoral.

Las condiciones para la participación en las elecciones por parte del Frente exigen la existencia de varios requisitos. En primer lugar, es necesario para esta organización el regreso de Zelaya. Además, solicitan mayores garantías del proceso electoral por parte del TSE, que las elecciones sean más seguras y más transparentes, así como las personas y la organización involucrada en las mismas. Otro de los requisitos para su participación es que se asegure la convocatoria a una asamblea constituyente que permita la refundación del país: "Nosotros sentimos que debe haber una apertura para un diálogo ante todos los hondureños. Pero, no han logrado entender que ese diálogo tiene que pasar por fuerza con la participación de la gente que está fuera del país. Porque son íconos de la lucha de resistencia. Otro paso sería abriendo la posibilidad de que lleguemos a este contrato social, a un acuerdo de todos los hondureños; a ese contrato social nosotros le llamamos constituyente, para definir de aquí en adelante cómo va a funcionar la sociedad hondureña. Eso va a permitir bajar esa crispación política, la polarización y ya pensar en el futuro".

Por otra parte, la situación de fraccionamiento interno del PLH tras los hechos de 2009, no ha sido superada a pesar de los esfuerzos de unidad del partido.

La crisis política que venía gestándose meses antes, agravada con la expulsión de Zelaya del país, desembocó en la deserción de una parte de liberalismo.

Muchos de estos sectores liberales, tal y como se ha señalado anteriormente, acabaron en las bases de la resistencia. Otros, sin abandonar formalmente el partido, conformaron diferentes movimientos internos en el intento de acercar posiciones y lograr la unificación del partido. Uno de los primeros intentos es el movimiento interno "Cruzada de unidad y dignificación del Partido Liberal", dirigido por Edmundo Orellana, quien fuera ministro de Defensa en el gobierno de Zelaya.

Sin embargo, el proceso de unidad más significativo tuvo lugar en junio de 2010, cuando los diferentes sectores liberales contrarios a la salida de Zelaya se aglutinaron en el Foro de Unidad Liberal. Este Foro, coordinado por la exdiputada Carolina Echevarría y en el que se encuentran reconocidos líderes pro Zelaya, tiene como misión el difícil proceso de reconciliación interna del liberalismo y, en particular, tender puentes con el Comité Central Ejecutivo actual presidido por Elvin Santos Lozano.

Para muchos entrevistados cercanos al Foro, uno de los principales elementos que llevaron a la conformación del mismo es intentar: "Levantar el partido y hacerle ver a esa gran masa del liberalismo en resistencia que el partido no tiene la culpa". Otros, muy críticos con la "dirigencia del partido que expulsó a Zelaya", reconocen al Foro como un vocero del sentir liberal del país y lo conciben como "una paralela al Central Ejecutivo". Conscientes de las dificultades de supervivencia de un PLH dividido, la principal fuerza que aglutina al Foro es la búsqueda de una solución negociada a la crisis. En ese sentido muchos de los entrevistados cercanos a este Foro ven como imprescindible la renovación de la dirigencia del partido, a la que contemplan como un elemento "reaccionario y conservador", pero también el regreso de Zelaya.

Dicho lo anterior, una salida ineludible a la crisis interna del liberalismo que reclama el Foro, es la convocatoria a elecciones internas anticipadas para elegir nuevas autoridades del partido. Una nueva dirigencia que sea reconocida como legítima por todos los sectores liberales, podrá plantear vías de solución ante el conflicto interno. Sin embargo, esta solución se topa con diversos inconvenientes legales, además de la resistencia interna de los actuales dirigentes del PLH.


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