Honduras
En un fragmento del famoso libro Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, el personaje principal pelea contra lo que él cree son unos “gigantes de brazos largos”, haciendo referencia a los molinos de viento.
Esa batalla la recrea don Víctor Valladares en el municipio de Ojojona, Francisco Morazán, pero la pelea no es contra los molinos de viento, sino contra la necesidad que tiene todo trabajador de buscar el sustento diario.
Don Víctor no ve a estos molinos como sus adversarios, sino como sus aliados.
Se trata de un artista de la madera que encontró una oportunidad de negocio en el Parque Eólico que adorna la carretera de Cerro de Hula.
Desde su inauguración, a inicios del presente año, este proyecto es la sensación de turistas nacionales y extranjeros que transitan por la zona, por lo que don Víctor aprovechó esta atracción para generar ingresos extras gracias a sus conocimientos de ebanistería.
Sus manos, que desde los nueve años de edad están dándole forma a la madera, se adentraron en la aventura de construir réplicas de molinos de vientos que son muy cotizadas, pese a que tienen pocos días de comercializarse.
“La gente los lleva como un recuerdo del Parque Eólico y los usa para decorar sus oficinas o mesas de estudio, ya que también son lapiceros”.
La batalla es con la madera...
Don Víctor produce alrededor de una docena de molinos de viento cada tres días, para ello utiliza la madera de pino.
“El trabajo con piezas pequeñas requiere de mucha paciencia y dedicación”, detalló.
Su faena inicia a partir de las 7:00 de la mañana y se extiende hasta las 5:00 de la tarde; por supuesto, en este taller no puede faltar la música ranchera, que es su inseparable compañera durante la jornada laboral.
Algunas veces trabaja por encargo, “la mayoría son pedidos de personas de Tegucigalpa”, y en otras promueve las piezas en la entrada de su taller, localizado a orilla de calle y justo en la entrada de Ojojona, por lo que se convierte en un sitio estratégico para que los transeúntes aprecien su obra, aunque, según asegura el artista de la madera, “las piezas se venden por sí solas”.
La idea surgió gracias a unos ingenieros que están encargados del proyecto del Parque Eólico, ellos le propusieron a don Víctor realizar réplicas de madera de los molinos de viento para llevárselos como recuerdo.
Sin embargo, al ver que luego encargaban más y más, él decidió comercializarlos también con los turistas que visitan la zona.
Sin competencia
“Hasta ahora somos los únicos que nos dedicamos a comercializar molinos de viento de madera, así que no tenemos competencia, aunque no es de extrañar que después aparezcan réplicas de barro”, bromeó Ramón Cruz, uno de los ayudantes del taller de don Víctor.
“Ya llevo dos cortadas en la mano, porque este trabajo de perfeccionar piezas pequeñas es más difícil, pero para nosotros lo importante es que el producto esté a tiempo y que tenga un buen acabado”, confesó Cruz.
Debido al agrado que han tenido estas piezas, ahora las están fabricando en serie para “ahorrar tiempo” y cumplir con los pedidos sin ningún inconveniente.
“Pregunte sin compromiso”
Cada pieza se comercializa a 250 lempiras, aunque todo depende del tamaño. El trabajo final se entrega barnizado o pintado en blanco, según lo requiera el cliente.
Para concluir la pieza no puede faltar una inscripción tallada que dice, Parque Eólico Cerro de Hula, Honduras, Centroamérica; luego se le pasa una mano de pintura blanca o de barniz.
El último paso es colocar un sello en la parte de abajo que dice: D’ Víctor, arte en madera.