Honduras
Víctor Flores trabaja para una mujer americana desde 2001.
“Nací en Corozal, una aldea de Roatán, aunque mi familia viene de Olancho. Llevo 10 años trabajando con ellos. Primero hicimos la remodelación de un restaurante, luego Orchid Beach, un proyecto caribeño en West Bay, y ahora estamos haciendo The Meridian, que es un proyecto más elegante, más cómodo para vivir, para gente que se quiere mudar a Roatán”.
En su tiempo con estos inversores, Víctor ha pasado a ser el maestro de obras de sus proyectos y ha dedicado los últimos 4 años a levantar The Meridian.
“Al principio sacamos la basura. Esto era el botadero de West Bay. La razón por la que nos hemos tomado más tiempo que otras urbanizaciones es porque nosotros no empezamos a vender la tierra. Empezamos a construir un modelo para que la gente viera lo que estábamos ofreciendo. Dejamos los más árboles que pudimos y sembramos más. Y conservamos la orilla del mar para que pudieran vivir los jamos. Hicimos el primer edificio para que la gente viera, y ahora vamos por el segundo, el tercero y el cuarto”.
Según cuenta Víctor, esta forma de ver el negocio del urbanismo de sus jefes se debe a que se quieren quedar en Roatán: “Esta gente vendió todo, se vino a la isla y aquí tiene sus hijos. Tienen mucho más respeto porque este es su lugar. En otros proyectos de gente que viene llegando, construyen para hacer dinero, luego venden y se van”.
The Meridian
“En mi experiencia como vendedora de condominios, la gente que viene a Roatán a comprar no viene a buscar lo mismo que se ve en el mundo desarrollado. No vienen a ver grandes edificios como los que hay en Los Ángeles o Miami. Vienen a disfrutar del ambiente natural que existe aquí, para ver lo que había antes de que llegaran ellos”, cuenta Laura Moulder, directora y propietaria de la urbanización The Meridian, ubicada en el punto más hacia el oeste de la isla de Roatán.
“Cuando planeamos este proyecto intentamos hacer algo sostenible, algo que rindiera honor a este pedazo de tierra, en lugar de simplemente construir cualquier cosa sobre él. Pensamos hacer 48 residencias entre condominios y casas particulares, y estamos dejando el doble de espacio entre vivienda y vivienda de lo que nos pide la municipalidad”.
“Aunque tal vez ganemos dinero de forma más lenta por hacer las cosas como las hacemos, nosotros vinimos a Roatán porque nos encanta cómo es. No hay ningún otro lugar como este”, explica Laura acerca de su forma de ver su negocio y su vida en Roatán.
Su playa es para todos
La propiedad de Laura Moulder tiene 209 metros de línea de costa, ubicados casi por completo en el lado sur de la isla, excepto por la punta del cabo en el que acaba el lado oeste de Roatán.
Desde este punto, que es el único lugar en la propiedad con arena blanca, ya que el resto de la costa es piedra de coral, se pueden ver las montañas de tierra firme por un lado y la playa de West Bay por el otro lado.
“Para mí es la playa más hermosa de la isla. Es una zona en la que se mezclan las corrientes del sur y del oeste de la isla y eso atrae a muchos peces. Incluso hemos llegado a ver horcas (ballenas asesinas), en la época en la que los meros llegan justo aquí, en la punta de la isla, para reproducirse. Dejamos una entrada libre a nuestra playa porque en Honduras las playas son públicas y nosotros queremos que la gente disfrute de la que se encuentra en nuestra propiedad”.
Sigue siendo un negocio
Pero aunque aprecie mucho la naturaleza, Laura Moulder ha hecho un proyecto y tiene cuentas que pagar: “Nos hubiera gustado no cortar un árbol de esta propiedad, pero esa no es la realidad del mundo. Lo que sí hemos intentado hacer es respetar la naturaleza lo más que podemos y encontrar la forma en la que nuestro proyecto sea rentable a mediano y largo plazo”.
“Es más fácil crear algo menos sostenible, que requiere menos mantenimiento. Pero no quiero vivir en un ambiente así. Tal vez gane dinero de forma más lenta, pero después de todo hemos empleado a cientos de personas, muchas de las cuales se han convertido en amigos. Nuestras amistades más queridas son gente de Roatán.”
“Incluso logramos sobrevivir la crisis económica y política entre 2008 y 2010, porque tenemos un compromiso con este lugar. Había muchos inversionistas antes de la crisis y Roatán se estaba desarrollando a toda velocidad. En ese sentido, la crisis fue como un filtro de inversionistas”.
Diez años en la isla le han dado a esta inversionista la oportunidad de aprender, y a veces confrontar, los errores de los demás. “Estuvimos involucrados en una pelea ambiental con un americano que vino y compró un pedazo de terreno enfrente de nuestra propiedad en West Bay. Este hombre vino y cortó 123 árboles. en un solo año”.