Honduras
Siendo muy joven llegó a convertirse en una empresaria de éxito.
Su chispa y astucia le habían permitido abrir una tienda de ropa que auguraba expandirse. Las utilidades eran significativas y la clientela en su mayoría de nivel económico medio y alto.
Doña "Carmencita" tenía un centro de trabajo, el que además servía de sustento para otras capitalinas.
Lo que había alcanzado con esfuerzo y la ayuda de una amiga que reside en Estados Unidos se vino abajo en segundos. El culpable; el virus del VIH.
Bastó conocer que estaba infectada para que quedara en la bancarrota, con deudas y sin ninguna oportunidad de empleo. "Entré en depresión, perdí todo, quedé en la calle, solo con las cuentas por pagar". "Después de ese momento no he vuelto a trabajar. Para nosotros no hay esa oportunidad. Y es que cuando conocen de nuestra condición se nos cierran las puertas laborales".
"Carmencita" solo es una más del 90 por ciento de las personas con esta infección que se han quedado sin una fuente de ingresos.
En muchos sectores públicos y privados, lo primero que piden es el examen del VIH y esto les cierra cualquier aspiración, pese a que es penalizado por la ley.
Según Sandra Zambrano, directora de la Casa Renacer, la falta de un puesto de trabajo no solo les genera pobreza, también les limita a buscar asistencia médica.
De los 29,330 pacientes infectados con el virus que registra Salud, desde 1985 a la fecha, unos 28,665 son adultos. De estos, la mayoría dejó de trabajar jornadas normales producto del estigma y la discriminación ya que un alto porcentaje fue despedido. Otros prefirieron abandonar los puestos para evitar ser señalados, manifestó Zambrano.
En el país, la población en edad de trabajar hasta mayo de 2010, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), era de 6,316,816 personas.
De estas, 3,253,980 personas contaban con un empleo. La tasa de subempleo reportaba 1,311,211 personas.
La población desocupada era de 133,737 personas. Entre este grupo se encontraba y sigue estando "Carmencita".
Discriminación laboral
Según las personas viviendo con VIH aptas para trabajar, cuando solicitan un empleo lo primero que se les pide es la prueba del VIH, desde ese momento quedan descartados de la contratación.
Las únicas oportunidades de trabajo que logran conseguir por tiempos prolongados son en organizaciones no gubernamentales, pero son plazas mínimas.
El resto desempeñan labores en el comercio informal o se resignan a vivir de lo que les proporcionan sus familias.
El artículo 127 de la Constitución de la República señala que toda persona tiene derecho al trabajo, a escoger su ocupación y renunciar a ella, y a la protección contra el desempleo.
La Ley Especial del VIH-Sida también hace referencia a los derechos laborales que gozan las personas viviendo con el VIH.
El artículo 52 de esta ley garantiza el derecho al trabajo, en tal medida, ninguna persona trabajadora o empleada en el sector público o privado podrá ser despedida por su condición de infectada por VIH o enfermo de sida.
De acuerdo con Elsa Ramírez, directora general de Previsión Social de la Secretaría de Trabajo, en la actualidad el compromiso gubernamental es capacitar al personal para atender conforme a ley las denuncias sobre el irrespeto a los derechos laborales de las personas infectadas por el VIH.
"Como Secretaría estamos preparando una política institucional en el tema de VIH para el sector maquila y sector portuario, enfocadas a la protección del trabajador", dijo la funcionaria.
El fin de esta normativa es poder ofrecerles a los empleados el beneficio de asistir a sus terapias antirretrovirales, capacitación y los permisos cuando requieran ser atendidos en Salud.
Esta propuesta, que será presentada a finales de este año a los representantes de la Organización Internacional del Trabajo, está enmarcada en la recomendación 200 de este organismo.
"Las personas viviendo con VIH deben tener tiempo y espacio para llevar sus tratamientos al día y que su patrono les permita llegar a ellos y a sus controles", manifestó.
En el mundo unos 23 millones de personas de los 36.1 millones que están infectadas con el VIH tienen entre 15 y 49 años de edad, la época más productiva del ser humano.
En los países más afectados la propagación de la epidemia provoca una drástica reducción de la mano de obra lo que a su vez da lugar a menor recaudación fiscal.
A esto se suma la migración, que da lugar a la propagación de la epidemia a través de las fronteras.