Honduras
El fanatismo religioso reinaba el hogar de mi tía. Había un estricto control en todo.
Mi mamá, que era una niña cuando nací, había confiado mi vida en su hermana.
De niño, me gustaba usar sus ropas y zapatos... pero a escondidas -susurra-. Crecí con esa preferencia.
A los 17 años que mi tía se da cuenta de mi orientación sexual, me recriminó y me lanzó a la calle. Liberado de su régimen decidí comenzar mi vida sexual con una chica muy bonita que quiso que nos casáramos, pero luego comprendí que me atraían más los hombres.
El VIH-sida llega a mi vida de la manera más tonta, dos años después de haber salido de casa de mi tía -revela "Nelson", teniendo como testigo mudo la imagen del Cristo del Picacho que se deja apreciar desde el patio de la casa hogar.
Tenía toda la información referente a la epidemia, pues trabajaba en un laboratorio donde se realizó el primer estudio sobre VIH. dice apesarado. -Lanza una fugaz sonrisa para justificar su pesar-. Por que trabajaba en el tema me sentía inmune... siempre pensé que le pasaría a otros y no a mí, pensaba quizás que tenía una caparazón para ocultarme del virus. -se cuestiona-.
Estando ebrio, accedí a tener relaciones con una persona infectada, yo no lo sabía. Lo hice para que dejara de acosarme. Creo que lo hizo a propósito, él sabía que tenía el virus y en lugar de contármelo se rió de mí al irse de mi casa. -se enmudece por varios segundos, limpia su rostro y continúa-.
Cuando lo supe, me deprimí tanto que me hundí en el oscuro mundo de las drogas y el alcohol, tomaba y consumía drogas todos los días. Me convertí en un holgazán, vivía una vida parasitaria, solo bordaba cuadros de cruceta y los vendía para luego beber y comprar droga. Así gasté cinco años de mi vida. Pensé que me iba a morir y con mi adicción contribuía a que pasara pronto.
Dejé mis estudios, era pasante de la carrera de ingeniería química. Me alejé para siempre de la familia... deseaba morirme. Mis amigos en esos cinco años murieron; imaginaba que seguiría el mismo camino.
Un desahogo
Una vez que encontré a ese tipo en un bar capitalino, le grité y le dije miles de cosas feas, ese hombre pensó que yo lo mataría ese día, se puso payulo -suelta una gesto burlón. Por 17 años me negé a tomar medicamentos, una porque yo decía: para qué si me voy a morir luego, y otra porque era un reto obtenerlos. "Nelson" recuerda que en los inicios de la llegada de los antirretrovirales, los niños y las mujeres eran la prioridad.
Salud desmejorada
Mi primera recaída fue en 2003, desde hacía ocho años presentaba varios síntomas.
Empecé a bajar de peso, ya no comía, hasta comer carne me generaba vómitos, me puse delgado, con insoportables dolores de cabeza -hace un gesto de horror para describir cuán intesos eran.
Un amigo me llevó a consulta y me hospitalizaron de inmediato. Las enfermedades oportunistas llegaron una tras otra hasta el grado de dejarme dos meses en coma. Agonicé varias veces, según me contaron los doctores porque yo no me di cuenta.
Ahora me da risa, yo pesaba 50 libras, solo era la piel cargando los huesos. A finales de febrero de 2004, salí del coma. Luego empecé a recuperar peso, pero quedé inválido. Recuerdo que tenía un amigo que había quedado ciego por el mismo virus y él me cargaba y yo lo dirigía. En dos meses me recuperé.
Desde ese momento me he mantenido fiel a los medicamentos. Pero decidí tratarme muy tarde, el virus ha avanzado demasiado y entré a la etapa sida. Ya llevo 10 años así. Estoy con el último esquema de tratamiento y espero en Dios que pronto hayan terapias de rescate para los pacientes que mostramos resistencias a las demás terapias.
Me siento vivo y me gustaría reintegrarme a la sociedad. Desde que me diagnosticaron el VIH no he podido encontrar trabajo. Lo primero que le piden a uno en las empresas es el examen de VIH y como ya sé su resultado; ahí mismo doy la media vuelta, triste y decepcionado.
Ahora que tengo 45 años, que estoy viejo, gay y con sida, quién me va a dar trabajo?... suelta una carcajada.
En la vida tuve muchas cosas materiales pero no tuve el amor de mi madre. Siempre pensé que me faltaba algo y era mi familia. Eso me marcó un estado depresivo.
Los consejos
A las personas que se acaban de enterar que son VIH positivo, les digo que confíen en que llevarán una vida normal. A los jóvenes, que para todo hay tiempo, que no se apresuren a iniciar su vida sexual y cuando lo hagan sea con toda la responsabilidad que merece.