Honduras
En la medida en que el estigma y la discriminación hacia las personas viviendo con VIH-sida sea tan marcados, la epidemia ganará mucho más terrero en el país.
El coordinador del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH-Sida (Onusida), Alberto Stella, profundizó sobre esta problemática con EL HERALDO.
¿Cuáles son los principales obstáculos que enfrenta Honduras en el tema del VIH-sida?
Honduras ha sido mencionado más como un ejemplo de buena práctica de capacidad de respuesta, por tanto es un éxito que tiene que explotarse para bajar ese nivel estigmatizante.
Todavía no se tiene plena conciencia desde el punto de vista médico sobre la “burrada” que muchas veces se comete al cambiarle los medicamentos a los pacientes sin estudio previo, esto crea una gran angustia. Esto no sucede con particular frecuencia por fortuna, pero no sabemos si comenzará a suceder con frecuencia porque no es un secreto para nadie que estamos atravesando un momento bastante difícil. Yo no pongo en duda la sensibilidad del ministro Arturo Bendaña en relación al tema. Esto es cuestión de mantener un sistema de salud eficientemente organizado que permita dar un servicio de calidad al estándar al que estábamos habituados.
¿Producto de la crisis que se vivió, Honduras tuvo algún retroceso en el tema VIH-sida?
Cuando vino la crisis política se demostró que muchas familias viviendo con el VIH del sector informal de la economía se habían quedado sin trabajo porque habían perdido la capacidad de empleo y de generar ingresos. Las madres, jefes de familia, que dependían de la venta de tortillas ya no lo hacen. La mujer cuyo marido era ayudante de carpintero, hoy ya no lo hace porque la carpintería cerró.
La crisis económica tuvo un abrupto descenso de la cooperación internacional y aunque todavía no se siente el bajón en el tema VIH, se va a sentir.
El donante más importante a las respuestas para Honduras es el Fondo Global y muchos de los países han reducido sus donaciones. Este organismo entonces va a tener un presupuesto bajo para manejar la enorme cartera de proyectos que tiene a nivel mundial.
¿Cuáles son los desafíos que tiene el país entonces?
Uno de los desafíos más importantes es establecer mecanismos de sostenibilidad. Es el momento propicio para revisar todas las metas que desde 2006 se puso el país y para hacer un estudio que refleje qué inversión se está haciendo en sida, cuánto ha costado esa respuesta y en qué medida ha sido financiada con ayuda extranjera y de fondos propios.
Pretendemos ver, frente a un descenso del apoyo internacional, un aumento progresivo de la asunción del gobierno.
Es el momento también para garantizar una multisectorialidad, porque en Honduras el sida es un problema de sensibilidad humana, por lo tanto, no es pensable que solo el Ministerio de Salud rectore la respuesta, tiene que estar involucrados una serie de sectores que empujan la agenda de prevención.
¿Por qué se habla tanto de inversión, pero los pacientes siguen mostrando las mismas precariedades?
Es porque indiscutiblemente ha habido casos de corrupción. El Fondo Global tuvo un déficit importante en la prestación de cuentas de países por 34 millones de dólares, lo que frenó la ayuda. Además, es cuestión de programación intersectorial, porque se habla mucho del impacto social del VIH, pero siempre nos basamos en factores macroeconómicos y eso puede ser una trampa porque los indicadores usan la población en general y el VIH ataca principalmente la pobreza. En cambio, si estamos seguros del impacto y del drama microeconómico, entonces la cooperación irá focalizada y será un gran logro.
¿El subregistro en Honduras supera los 70,000 pacientes viviendo con VIH?
Es difícil saberlo. Las últimas estimaciones nos hablan que debería estar en 30,000 hondureños; si vamos a ver un intervalo de confianza, puede llegar casi a los 40,000... es un análisis importante que hay que hacer.
Sin embargo, un dato muy importante es que según Salud, más de 25,000 casos podrían estar necesitando terapia retroviral. Esto quiere decir que seguimos diagnosticando mucho sida en comparación con las infecciones por VIH en personas saludables. La razón es la que bien apunta el secretario general de Onusida, Michel Sidibé: es el estigma y la discriminación. En la medida en que haya estos dos enemigos, un joven aun cuando reconociera haber tenido situaciones en las que podría haber encontrado el VIH, no tiene motivación para irse a hacer la prueba.
¿El VIH es considerada una epidemia o pandemia en el país?
Es una epidemia, pues ninguna situación como el VIH nos había colocado sobre la mesa problemas tan importantes como la exclusión de ciudadanos, la inequidad de género y las dificultades de emancipación de la mujer. Ninguna situación en la historia moderna de la humanidad nos había colocado cifras de muerte tan frías y duras sobre la mesa como lo ha hecho el VIH. Es una oportunidad única para crear una nueva sociedad en la perspectiva de derechos humanos.