Editorial: Que sea para mejorar ">
Honduras
La sorpresiva destitución de Óscar Álvarez Guerrero, como ministro de Seguridad, traerá dos significativas consecuencias: una disputa entre las corrientes internas del Partido Nacional y una profundización en los niveles de inseguridad que vive el país.
El excanciller y aspirante presidencial liberal, Edmundo Orellana, citó ayer que el hecho que haya sido retirado uno de los hombres de mayor peso en el gobierno de Lobo Sosa supone muchas contradicciones.
Álvarez Guerrero es el exministro que más apoyo obtuvo del gobierno de Lobo Sosa. Para respaldar su gestión, recientemente se aprobó una tasa de seguridad para generar recursos destinados a mejorar logísticamente a la Policía en sus acciones contra la delincuencia.
En comparación con los años 2009 y 2010, el presupuesto de la Policía creció en 1,400 millones. El extitular de Seguridad, con la venia del presidente Lobo Sosa, acababa de lanzar una "Política integral de convivencia y seguridad ciudadana para Honduras 2012- 2022".
La población se encontraba a la expectativa que una vez que comenzaran a fluir los recursos del Fondo de Seguridad, la protección ciudadana mejoraría, en virtud de los planes que el exministro había dejado entrever que realizaría.
Hace dos semanas, el ex ministro recibió un supuesto espaldarazo de la secretaria de Seguridad del gobierno de Estados Unidos, Janet Napolitano. Poco después de esta reunión efectuada en Washington, el exfuncionario trajo consigo un proyecto en mente: depurar la Policía y por eso envió al Congreso Nacional, para su respectiva aprobación, un proyecto de ley para obtener discrecionalidad en la escogencia y separación de policías desde la oficialidad, hasta las clases.
En ese sentido, el exministro liberal, Edmundo Orellana piensa que la separación de Álvarez, "señala una contradicción, más bien un conflicto entre el Presidente y la iniciativa de depurar la Policía y coloca al Presidente del lado de los malos y eso es delicado, que el Presidente aparezca protegiendo a quienes están amenazando al país y eso nos debe llamar la atención".
En el caso del excanciller Mario Canahuati, a su paso por el gobierno hizo lo que tenía que hacer: restablecer las relaciones con casi todos los países del mundo y lo logró. Además, propició la venida de inversionistas al reunir en San Pedro Sula a representantes de empresas mundiales con el fin de motivarlas a venir a invertir a Honduras.
Las malas relaciones entre el mandatario y el excanciller Canahuati se puso de manifiesto en la clausura del evento cuando el mismo presidente Lobo Sosa pronunció un discurso que lejos de crear confianza en los inversionistas les provocó zozobra. Lobo Sosa llegó al extremo de nombrar a un hijo suyo como enlace de su gobierno y los probables inversionistas, dejando marginada a la Cancillería, que fue la promotora del evento. En consecuencia, según el analista Raúl Pineda Alvarado, estas dos destituciones hay que verlas desde dos aristas: lo político y lo cuyuntural.
Álvarez se fue porque cayó en desgracia con la oficialidad de la Policía, que no toleró que este obtuviera súper poderes para hacer y deshacer con la Policía.
En el caso de Canahuati, resulta incomprensible que el presidente Lobo Sosa no tenga a estas alturas a una persona que asuma la Cancillería.
Álvarez dijo que el presidente le había ofrecido ese cargo, pero lo que deja traslucir es que el Presidente debe cambiar de mentalidad, en el sentido de no seguir nombrando a personas que no tienen méritos para el cargo, dijo Pineda Alvarado.
Lo otro, según el analista Fernando Anduray, es una maniobra para acomodar las piezas del humanismo cristiano impulsado por el presidente Lobo y el titular del Congreso, Juan Hernández, en sus pretensiones de ganar la candidatura del partido Nacional.
En ese sentido, Lobo Sosa aprovechó la coyuntura de que Álvarez entrara en contradicciones con la estructura policial para quitarlo de en medio, al igual que Canahuati, otro aspirante presidencial del Partido Nacional. Desde la visión del aspirante liberal, Edmundo Orellana, los cambios en el Ejecutivo tienen un mensaje claro para el resto de funcionarios que no se ha puesto claro con las preferencias del mandatario.
Hay un precandidato presidencial que desde el Congreso está gastando los recursos del Estado para promover su figura. A su vez, desde el Ejecutivo se toman decisiones con otros precandidatos para garantizar que el del Congreso sea el próximo candidato del PN, a pesar que las encuestas no lo favorecen.
"Me preocupa el entusiasmo que ha puesto el Presidente en la precandidatura de un privilegiado suyo antes que los intereses del país, está bien que quiera promover a alguien de su partido, pero es un problema personal del Presidente, pero que eso lo anteponga a los intereses del país, como lo son el empleo, la seguridad, cubrir los déficit en salud y educación, eso es lo grave", lamentó.
No hay ninguna crisis: presidente Lobo
En Honduras no hay "ninguna crisis", aseguró ayer en Panamá, el presidente hondureño Porfirio Lobo, quien el sábado destituyó a los dos miembros más importantes de su gabinete. "No hay ninguna crisis", dijo Lobo a los periodistas en las escalinatas del Palacio de las Garzas (sede del gobierno panameño) junto al presidente panameño, Ricardo Martinelli.
"Lo que hay es simplemente un momento en el que el Presidente decide en qué áreas fundamentales tienen que hacerse cambios", añadió.
Lobo sacudió a su gabinete el pasado fin de semana al desprenderse de sus dos principales ministros, el de Seguridad, Óscar Álvarez, y el canciller, Mario Canahuati, ambos correligionarios del presidente en el conservador Partido Nacional y aspirantes a la presidencia para las elecciones del 2013. Según círculos políticos y la prensa de Honduras, los dos ministros venían descuidando sus funciones ministeriales para dedicarse a sus aspiraciones presidenciales.