Honduras
Algunos de quienes conocen a Eliseo Cruz Canana, creen que su historia es un milagro, pero otros la catalogan como una tragedia.
Los dos adjetivos calificativos son válidos cuando se trata de un accidente ocurrido en la ruta del migrante, donde miles mueren, desaparecen, son secuestrados o extorsionados.
El tren en México casi partió a la mitad a "Cheyo", como le dicen a Eliseo. Solo unos cuantos centímetros faltaron para que el tren le cercenara partes vitales del cuerpo.
Han transcurrido cuatro años desde su accidente. Hoy, enfrentar la vida se le hace difícil, pero con el apoyo de su esposa e hijos logra tomar fuerzas y confianza en que algún día podrá salir adelante. Pero las fuerzas y la confianza no son suficientes para sortear las vicisitudes. "Cheyo", actualmente no tiene trabajo, pero confecciona bufandas y está aprendiendo a pintar.
"Extrañaba a mi familia"
"Cheyo" cuenta que "salí a Estados Unidos en el 2007. Yo ya había estado en ese país en 2003 y regresé a finales de 2005. Trabajé de varias cosas, restaurante, construcción, cortar césped... a veces ganaba hasta 480 dólares mensuales. Me vine voluntariamente porque mi idea era no volver jamás a ese país, yo extrañaba a mi familia, esa fue la única razón por la que me vine, es serio, estar en otro país y no ver a los hijos o a la esposa. Uno piensa mucho en ellos".
Pero ya puesto acá como que existe un impacto, como un desencanto porque no hay nada qué hacer, lamenta mientras se acomoda en una de las gradas que lleva al patio trasero de su casa. Continúa relatando que "en 2006 pasé todo el año en Honduras y me decía que no me volvía a ir, aunque no tuviera trabajo, en el 2007 ya no podía estar aquí, porque miraba la situación económica difícil y tremenda, entonces decidí que me iba de nuevo".
El trabajo de dos años en EE UU le dejó buenos dividendos a "Cheyo". Este hondureño logró construir su casa "humilde", como él la catalogó, y se compró "algunas cositas".
Mi casita es para mis dos niños Bryan Josué y Harol Eliú, de 11 y 10 años.
Esta segunda vez creí que iba a ser como el primer viaje. En el tren no tuve ningún problema, ni me asaltaron ni nada, solo es la caminada y la hambreada, pero por lo demás el primer viaje para mí fue tranquilo. Llegué en dos meses.
Este segundo viaje fue pensando en ellos, en mi familia. Púchica, al ver que no estaba haciendo nada acá, me decía que me iba a ir para hacer un capital, pues así como hice la casita y me compré algunas cositas, entonces yo pensé que esta vez sí podía hacer un dinerito para buscar poner un negocito.
Me fui con poco dinero, solo llevaba 1,500 lempiras y ya estaba más cara la situación en México. Con ese dinero llegué hasta Guatemala. Llegué a Tabasco, en un pueblo que se llama Arenas, allí tomamos el tren. Allí fue cuando fracasé.
"Estaba adormitado"
La confianza del primer viaje, pudo haber sido uno de los factores que influyera en que a "Cheyo" lo cortara el tren.
"En el primer viaje yo me acuerdo que tomé seis trenes, ya tenía experiencia", afirmó.
Pero en esta ocasión, cuando yo llego allí yo iba cansado, porque había caminado desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, no había comido nada. No me pude dormir temprano, no sé qué me pasaba, yo intenté dormir como los otros para descansar y agarrar el próximo tren, pero no pude, como que el mismo cansancio no me dejaba dormir y el mismo pensamiento me quitó el sueño.
Ya como a las dos de la mañana me vino bajando un sueño, entonces me dormí. Nosotros ya sabíamos que como a las cuatro de la mañana pasaba el tren. Y a esa hora me despiertan unos compañeros, me gritaron "Cheyo", porque solo así me dicen a mí, "Cheyo allí viene el tren", me dijeron, y entonces me despierto y lo mire venir, una lucita que traía, entonces les dije "sí, lo agarramos".
Cuando yo dije a agarrarlo me di cuenta que todavía estaba medio dormido, fue tan rápido que no me di cuenta de la velocidad que traía el tren. Yo no estoy despierto completamente, si yo hubiera estado despierto yo no lo agarro, porque hubiera visto su velocidad y hubiera sabido que era peligroso, dice casi reprochándose.
Yo creí que iba despacio, pero no era así… otra cosa, como estoy medio adormitado, quiero agarrar el tren yo estando parado, y eso no es así, uno tiene que correr al lado del tren y cuando uno llega a una velocidad uno puede agarrar el tren, pero yo lo estoy agarrando parado, como que me voy a montar a un bus.
"Cheyo" adelanta la historia y se remonta al momento que estaba en el hospital "fue duro y pensé en mis hijos", pero como reaccionando ante el lapsus, regresa al instante del accidente.
"Yo le tiro el tarrascaso al tren y solo sentí el jalonazo, cuando siento eso yo me suelto porque dije ‘yo me mato’ y lo suelto y me envolvió, me dio la vuelta y me llevó a los rieles y el mismo aire me sacó para afuera. Yo me solté pensando que no me iba a pasar nada", dice como meditando.
Yo no sabía que estaba trozado de la pierna. De la mano sí porque me la vi. Yo solo sentía en la pierna como un quemonazo. En el accidente yo quedé consciente, pero no me di cuenta de la pierna, los vagones pasaban a mi lado, y la gente me quedaba viendo desde arriba del tren y otros se pusieron a platicar conmigo... ellos platicaban así como estamos platicando ahorita nosotros.
A mí me levantaron como a las cinco de la mañana de los rieles, al hospital llegué como a las seis y media. No sé cuánto tiempo pasó hasta que me desperté. Allí ya me miré vendado la pierna, pero yo pensaba que tenía mi pierna, me miré el brazo que ya sabía que lo había perdido... "Cheyo" hace una pausa para luego decir "eso fue bien duro para mí"… por primera vez "Cheyo" deja aflorar su fragilidad y los ojos le comienzan a brillar... "allí uno comienza a llorar… pero es que es bien duro", se excusa "Cheyo".
Preparé a mis hijos
Pero lo más difícil estaba por venir para "Cheyo": El reencuentro con su esposa e hijos.
"Yo pensaba bastante en ellos, fue difícil, me sentía acomplejado… pensaba en quién les iba a dar comida, esa fue de las cosas que más me atormetaron, porque yo creí que nunca iba a volver a caminar, pensé que mi vida iba a ser en una silla de ruedas".
Mentalmente yo estuve muy mal, pero a mi regreso tuve que ponerme fuerte, sobre todo por mis hijos para prepararlos a que me vieran sin una pierna y sin un brazo. Yo no quería verlos llorar cuando yo llegara a la casa, yo quería que ellos fueran fuertes para también ser fuerte.
Cuando yo venía en camino venía hablando con ellos por teléfono. Yo les decía que no quería lágrimas de nadie, porque me iban hacer sentir mal. Yo los preparé emocionalmente, les dije que si miraba lágrimas me iban a descontrolar.
Un carro me fue a traer a Tegucigalpa, yo venía en la paila (del pick-up) y cuando yo llegué aquí (a su casa) un hermano me quedó viendo, yo creo que él pensaba en cómo me iba a bajar del carro, en eso yo solo me bajé, agarré mis muletas y salí caminando, entonces, ahora después me contaron que a ellos esa actitud mía les ayudó a sentirse más fuertes.
Desde ese día he avanzado, hoy yo puedo caminar, mis hijos por lo menos pueden comer aunque sea frijolitos por cosas que yo ejerzo o gente que está allí dándome ayuda, me dan maíz, frijoles o a veces dinero.
Yo sigo siendo el mismo, aunque me acompleje en algunas cosas que no puedo hacer. Este accidente me ha acercado aún más a mi familia y ellos a mí.