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La ruta migratoria le arrebató a su esposo y a su hermano

Debido a su difícil situación económica, tuvo que sacar de la escuela a sus cuatro hijos. Alimentarlos no es fácil para esta mujer que no tiene ninguna fuente de ingresos
13.10.11 - Actualizado: 13.10.11 07:20pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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El Guante, Cedros, Francisco Morazán,

Honduras

El "sueño americano" le quitó a su esposo y a su hermano. También la educación y el alimento de sus cuatro hijos. Su situación es realmente precaria, extrema.

El 22 de agosto de 2010, la vida de doña Xiomara Suárez y la de sus cuatro hijos cambió radicalmente.

Ese día su esposo, Miguel Ángel Cárcamo, de 42 años, fue uno de los 72 migrantes que fueron víctimas de la matanza en Tamaulipas, México, protagonizada por la banda delincuencial Los Zetas.

Mientras tanto su hermano, Rogelio Adalid Suárez, desapareció en el camino del migrante en ese mismo mes.

En Tamaulipas fallecieron 23 connacionales y todos fueron repatriados y se sospecha que otros siete, que no fueron identificados, también eran catrachos. Doña Xiomara cree que su hermano podría estar en ese grupo de personas que no identificaron.

Junto a Miguel y Rogelio iba otro hermano de Xiomara, Luis Gustavo Suárez, pero tuvo la fortuna de ser deportado a Guatemala y posteriormente a Honduras.

Razones para irse

La historia de estos migrantes no dista de otras, su principal motivo para abandonar el país fue la mala economía.

Doña Xiomara cuenta que "él (Miguel) nunca nos había abandonado, teníamos 20 años de casados, pero dijo que quería hacernos una casa para que nosotros mejoráramos, pues esta casita ya está casi cayéndose".

Doña Xiomara toca la madera podrida que hace de pared en su vivienda.

"Acá en esta aldea mucha gente se va y uno mira cómo los vecinos prosperan después que se van a Estados Unidos, hacen su casita hasta de dos pisos, los cipotes les compran zapatos y hasta juguetes, entonces por eso a él se le metió en la cabeza irse".

En la época que su esposo decide partir hacia Estados Unidos, estaban escasas las oportunidades de trabajo en El Guante.

"Él trabajaba en el aserradero, pero solo cuando ocupaban gente, pero si lo necesitaban para el azadón, también le hacía, es que aquí de todo hay que hacerle".

El salario que percibía Miguel era de 50 lempiras diarios.

El momento de la noticia

Doña Xiomara comparte que su marido la llamó a los 15 días de haberse ido. Él abandonó Honduras en los primeros días de agosto. "Me dijo que le estaban pidiendo dos mil dólares para pasarlo a Estados Unidos, me pidió que le consiguiera 500 aquí y que los 1,500 él los iba a pagar en California".

Doña Xiomara no tiene certeza de que detrás de esa petición hayan estado Los Zetas, porque "él fue quien me llamó. Solo me decía que le consiguiera los 500 dólares, nadie más me llamó... después solo fue el aviso de que él estaba muerto".

La fuerza de esta mujer huye. Las manos le comienzan a temblar y parece estar incómoda en la tabla donde está sentada junto a sus hijos. Doña Xiomara abraza con más fuerza a su hijo menor y se aferra a él. El temblor en las manos ha terminado, pero el dolor en su corazón aún se ve reflejado en su rostro. "Él llevaba dos mil lempiras, iba con mis dos hermanos, pero a ellos los agarraron en México, entonces uno de mis hermanos se regresó a buscar a mi esposo Miguel".

"Rogelio me dijo que se iba a regresar para buscar a mi marido... mi hermano me contó que andaba bien mal, con los pies lastimados, pero que se iba a regresar porque él ya sabía donde estaba Miguel con la otra gente, pero esa fue la última vez que hablamos con él, nunca nos volvió a llamar".

Promesas incumplidas

Doña Xiomara aprovecha la entrevista para demandarle al gobierno que cumpla las promesas hechas.

"Me dijeron que me les iban a dar becas a mis hijos, y un bono... creo que era el bono Diez Mil... nada eso no se ha cumplido y a mis hijos los tuve que sacar de la escuela porque no tengo dinero para mandarlos".

"En la Cancillería también nos prometieron que nos iban ayudar, pero no, no hubo nada y ya ha pasado más de un año desde eso", critica. El futuro de sus cuatro hijos es incierto, sobre todo porque han abandonado sus estudios.

‘Miguel se sacaba el bocado’

Doña Xiomara describe a su esposo, Miguel Cárcamo, como entregado a su familia. "Él hacía todo porque nosotros tuviéramos comida en el plato, aunque fuera frijolitos... por mis hijos él se sacaba el bocado de la boca", cuenta con tristeza.

La ausencia de Miguel ha obligado a su madre a sacarlos de la escuela y el colegio. Ahora sus hijos, Isabel, Ángel Rogelio, Jesica Xiomara y Luis Miguel, ayudan a su madre en la medida de lo posible. Ángel para el caso repara calzado y cobra entre diez y 20 lempiras cada por un par de zapatos. "Pero eso no es todos los días solo de vez en cuando", comparte la madre.

"No tenemos dinero, no ajustamos ni siquiera para comer, mucho menos para los uniformes o útiles escolares, mejor los saqué porque no puedo mantenerlos", lamenta doña Xiomara. Ella lava ropa "de vez en cuando" y le pagan entre 30 y 40 lempiras, pero "eso no me ajusta". Ella pide una oportunidad laboral.

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Doña Xiomara en el patio de su casa de madera. A la derecha, tres de sus hijos y una sobrina escuchan el relato de su madre y tía.
Doña Xiomara en el patio de su casa de madera. A la derecha, tres de sus hijos y una sobrina escuchan el relato de su madre y tía.

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