Honduras
El precio que pagaron en esa travesía fue alto, pero no se arrepienten, pues nada cambiará su pasado
Relatos de sueños truncados
Por salvar a un amigo el tren me cortó
Para Pompilio Arrazola el pasado es el pasado; lo que se vive en el presente es lo que en verdad cuenta. La agricultura le da de comer a él y a su familia.
"A veces uno quiere vivir una mejor vida", dice sin lamentarse mucho.
"Yo solo hice dos intentos, pocos comparados con muchos acá que a veces prueban hasta cinco o seis veces".
Pompilio se fue por primera vez en 2005, en ese país lo estaban esperando primos y tíos. "A algunos de ellos les ha ido bien, tienen casita y a sus familias no les falta casi nada acá, entonces uno quiere probar a ver si llega".
Pero la tragedia lo alcanzó en su segundo intento. Fue en 2007. "Siempre uno piensa en regresarse, pero más por la hombría de uno no se regresa, a menos que lo detenga la migra".
"El accidente fue por culpa mía, yo iba con otros amigos de acá del pueblo, estábamos en medio de los vagones del tren, en eso vi que uno de los compañeros se estaba durmiendo y se iba a caer a los rieles... pero la intentar despertarlo me senté a su lado... en segundos yo me dormí".
Pompilio cayó por en medio de los vagones. Despertó cuando iba en el aire. "Para mi suerte no caí de lado, sino en el mismo sentido de los rieles... solo me agaché para que pasaran todos los vagones.... Eran como 60... después me di cuenta que había perdido parte de la pierna", relata este connacional sin arrepentirse de haber tomado la decisión de haber despertado a su amigo.
He intentado llegar a EE UU siete veces
Renán Hernández Navarro ha intentado siete veces irse hacia Estados Unidos. Mi primera vez fue en 1990, tenía más de 20 años.
Desde entonces no ha desistido de esa idea. "Siempre hemos tenido dificultades en estos lugares, y uno aspira a más, a estar tranquilo en una época de la vida, ya cuando uno llega a viejo, por eso uno lo hace", comenta.
Renán en su primer viaje fue testigo de la muerte de uno de sus compañeros de viaje. "Vivía en El Progreso, iba con nosotros, todos en el tren y el se cayó, no se supo subir y el tren lo partió por la mitad... nosotros, yo iba con mi hermano, nos bajamos para ver qué podíamos hacer".
Este joven, del que Renán no se recuerda el nombre, fue sepultado en Chiapas.
"Nosotros lo enterramos, hasta ese momento yo había tenido mi accidente".
El segundo viaje lo hizo en 1994. En esta ocasión fue cuando tuvo el accidente. "Nos fuimos como 13 personas de acá de mi lugar, me acuerdo que nos agarraron a tiros en Medias Aguas, entonces nos separamos todos. Tomamos el tren y llegando a Córdova con sueño, desvelados y con hambre... nos bajamos para pedir comida, pero nos salió Migración y con la misma me regresé al tren... solo di como dos pasos y el tren me cortó". Desde entonces Renán volvió a irse a Estados Unidos en 1996, 1998, 2001, 2004 y en 2007.
Después del Mitch quedé con muchas deudas
El tren de México le cortó una pierna, pero no su buen humor y deseos de salir adelante. Jaime Bueso, un pequeño caficultor que vive de lo que le da la tierra, dejó Honduras en el año 2000, luego que el huracán Mitch le destruyera su plantación y lo dejara endeudado en 1998.
"La idea surgió por las deudas que teníamos con los bancos, mi familia y yo nos dedicamos a la siembra y cosecha del café, pero después del huracán Mitch, las plantaciones quedaron malas y nos dejaron deudas, por eso yo decidí irme a Estados Unidos para salir de esa mala situación".
Jaime relata que viajó dos veces, una en el 2000 y otra en el 2001, "en ese año sufrí el accidente. Después de ese percance ganas no me faltaron para irme a Estados Unidos de nuevo, pero yo sabía que era difícil en mi condición".
"El penúltimo tren que aborde lo tomé en Lecherías, en las afueras del Distrito Federal, ese tren nos llevó a la estación de El Ahorcado, donde los garroteros nos comenzaron a seguir. Nos bajamos del tren y luego lo quisimos agarrar de nuevo y allí me provocaron el accidente".
Jaime recuerda, con una frialdad casi como de telenovela, que "uno de los guardias del tren, cuando yo me iba a subir en el tren, me haló de la camisa que yo andaba y caí en medio del riel y me agarró el pie.
Afirman nunca haberse arrepentido por haber tomado el camino hacia Estados Unidos.
"Nunca renegué de lo que me pasó en México"
Wilson Anariba, tiene 52 años, y al igual que muchos vecinos de Ojos de Agua, en Comayagua, fueron afectados por el huracán Mitch en 1998.
Como es una costumbre sus productos agrícolas los cultivaba con el apoyo crediticio que ofrecen las agencias bancarias, pero el meteoro destruyó el fruto de su trabajo, dejándolo con una deuda casi impagable.
"Por eso me marché. Llegué a Estados Unidos, crucé la frontera pero con mala suerte que me agarró Migración y me deportó".
Para 2003 Wilson intentó de nuevo, pues la deuda crecía y con el paso del tiempo Wilson no tenía ninguna fuente de ingresos que le garantizara pagar la deuda con los bancos.
"Yo pienso que esto iba a suceder, sería el cansancio quizá de tanta jornada, yo tenía 21 días de camino, estaba como a una hora de llegar a la frontera, cuando acordé fue el accidente".
Don Wilson iba agarrado del tren e intentaba bajarse, pues la migra acechaba y lo mejor era terminar de llegar a la frontera caminando.
"Caí, el pie me lo cortó y hasta allí no más llegué". Don Wilson hoy se dedica a sembrar café. Uno de sus hijos vive en Estados Unidos, otros tres lo acompañan a él y a su esposa en la comunidad de Ojos de Agua y a pesar de todo afirma que "nunca he renegado de lo que me pasó en México, Dios sabe por qué lo hace".