Honduras
En un mundo donde cada día impera más la insensibilidad ante las necesidades de los demás, ayudar a quienes lo necesitan sin recibir nada a cambio es algo digno de admirar.
En Honduras son miles de personas que ejercen una labor social como voluntarios, pero en esta ocasión se resalta el trabajo de un voluntario que destaca en el hospital Escuela.
Jovial, servicial y atento a lo que sucede en el sanatorio, así se conoce a Juan Carlos Rodríguez, quien desde hace cuatro años es quien está en la entrada de emergencia de adultos de este centro asistencial, el principal del país, donde a diario llegan muchas personas y familiares necesitados de una mano amiga que les brinde su apoyo en esos momento difíciles.
Profesional
Es socorrista desde hace doce años y, aunque no terminó sus estudios de secundaria, hace cuatro años se graduó como paramédico profesional en el Comando de Rescate.
Rodríguez es un militar retirado y, según él, lo que aprendió en el Ejército le ha servido para ayudar a la gente.
Está casado y tiene dos hijos, una niña de tres años y un varón de ocho años “y futuro socorrista”. Rodríguez se siente honrado de que su familia lo admire: “mi hijo dice que soy un héroe y que se siente orgulloso de mí”.
Pero como de agradecimiento no se vive, el socorrista tiene que ganarse un salario para sustentar a su familia.
él trabaja por hora como mesero en un restaurante. Entonces de 10:00 de la mañana a 11:00 de la noche es voluntario en el hospital Escuela, y de 12:00 de la noche a 2:00 de la mañana trabaja de mesero.
Los viernes y sábados “son los más pesados en el hospital”, por eso está allí desde las 10:00 de la mañana hasta las 3:00 o 4:00 de la mañana.
Su trabajo no es nada fácil, y como él mismo dice, “a veces quisiera que fuéramos cien manos ayudando”.
Su mayor recompensa
“Cuando me voy de aquí no llevo dinero, pero llevo paz en el corazón y la mayor satisfacción de que le he servido no a una sino a muchas personas”.
Ser voluntario en un país donde las oportunidades laborales son escasas y donde se perciben bajos salarios “no cualquier persona lo hace”, como dijo una familiar de un paciente del Escuela.
A diario son muchas las personas que llegan en carros particulares sin saber ni cómo bajar a su familiar para no causarle mayor daño, en ese momento entra en acción Rodríguez, con su camilla y deseo de ayudar a la gente es quien da la primera atención a estos pacientes.
“él está pendiente de todo herido que llega, él está ahí con la mayor rapidez posible y él hace que los doctores atiendan rápido al paciente”, dijo Dina Rivas, quien recibió ayuda del voluntario.
En el hospital Escuela carecen de muchas cosas para brindar la mejor atención, y eso se puede ver desde que se entra: la gente sentada en el piso, no hay camillas ni colchonetas. y eso es lo que más lamenta Rodríguez, quien conoce muy bien el hospital y ayuda a los familiares a conseguir camillas y llevar a los pacientes a las salas porque muchos no saben ni dónde ir.
“A nosotros el hospital no nos da nada, de nuestra bolsa compramos el equipo que tenemos; también a veces le pedimos colaboración a la gente, que nos da un lempira, pero sabemos que lo hacen con mucho agradecimiento, aunque nos da pena pedir porque la mayoría de la gente es pobre”.
Comando de Rescate
Es una organización que fue fundada hace 12 años y desde hace cuatro brinda clases a niños; en la actualidad son 60 personas las que forman parte de esta escuelita donde les enseñan lo básico y avanzado en búsqueda y rescate.
Ellos están divididos en tres ciudades: Tegucigalpa, San Pedro Sula y recientemente en Danlí. En total son casi 300 voluntarios los que forman parte de Comando de Rescate, ninguno recibe salario, y es el propio deseo de servir lo que los ayuda a seguir adelante a pesar de las vicisitudes.
Debido a que hay tan poca gente ayudando mientras hay mucha gente que necesita, Rodríguez dijo que “invitamos a otros cuerpos de socorro que se quieran sumar a la labor del hospital Escuela porque el pueblo no solo necesita en la calle, también necesita aquí”.
Hondureños agradecidos
Aunque el voluntario lamentó el hecho de que algunas personas del hospital no le permiten desarrollar su labor como él quisiera, ayudar en lo que puede es una labor que muchos hondureños le agradecen; “ojalá existieran más personas como él”, expresó Ileana Herrera, familiar de un paciente que está muy agradecida por la ayuda que recibió cuando llevó a su abuelita enferma.
Y así como las personas mencionadas que expresaron su agradecimiento, son muchas las que admiran el trabajo que hace un voluntario, porque como dijo otra persona: “él sin recibir nada es más servicial que quienes reciben un pago”.
Perfil
Nombre: Juan Carlos Rodríguez.
Nació en: San Marcos de Colón, Choluteca, en 1977.
Trabajo: es paramédico voluntario en el hospital Escuela y por las noches es mesero en un restaurante de la capital.