Honduras
Transitar por las angostas aceras y antiguos callejones de la antañona Tegucigalpa se convierte en la ruta para apreciar viejas edificaciones construidas en áreas escasas de terreno.
Las habitaciones van desde los dos a tres metros de ancho.
Según detalla el antropólogo e historiador Rubén Darío Paz, las casas estrechas en algunos casos son una respuesta al hacinamiento. También reflejan conflictos y contradicciones familiares.
De acuerdo con el historiador, la capital constituye un ejemplo significativo de la capacidad de sus habitantes para adaptarse a las condiciones de una geografía complicada.
Y es que por ser un pueblo de origen minero, Tegucigalpa creció sin trazo urbano y sin planificación.
"Sin embargo, el esplendor de sus minas de plata a lo largo del siglo XIX le permitieron la construcción de casas elegantes, de amplios corredores y patios", concluyó Paz.
El arquitecto Ramiro Bonilla destacó que al analizar el estilo arquitectónico de estas viviendas se descubre que pudiese tratarse de una herencia colonial. además, es un estilo muy típico en algunos pueblos mineros enclavados en un relieve montañoso.
"Es difícil establecer si esta particularidad arquitectónica inició en el tiempo colonial o republicano, pero sí influyeron varios factores para la partición o la distribución de casas y terrenos", agregó Bonilla.
Según el entrevistado, estas estructuras podrían constituirse en una atracción turística de la capital. Las explicaciones populares acreditan la aparición de estas angostas viviendas a la repartición de bienes de las familias acaudaladas.
Se dice que les entregaban una parcela a los hijos para que no se perdiera el linaje familiar si se iban a vivir a otras áreas consideradas de menor valor. Otra de las versiones es que los dueños vendieron las propiedades por pedazos y esto permitió las construcciones lineales.