Honduras
En cada mujer hay una metáfora-semilla que hace germinar a la luna. Crecen sus raíces y sus ramas cruzan a través de un sinnúmero de acordes y de autenticidades, capaces de impregnar incluso las pecas del ámbar.
En mi país algunas mujeres son de pulso acelerado y van tras batallas de preconquista, canela y dragones. Otras son como las cotas de mallas, que están hechas de catástrofes contradictorias inclusive en la teoría y en la estructura… son mujeres que saltan y corren y andan aun que no tengan pies, solo muñones.
En cada mujer hondureña hay una tejedora de arenas movedizas y pedernales, algunas fuman acordes de guitarras, otras emiten trovas de piedra enmohecida y levantan muros de levadura en sus casas. Cada mujer cumple a la perfección su oficio de diadema mientras, salpica con fuerza el hielo, las pupilas, el cadalso, y una taza.
En atardeceres de cristal y guardarropas, sostiene flamas entre flamas, candelabros y peces espadas. Alimenta memorias impenetrables, se afana en perpetuar grillos en las manchas de la luna y en la enfermedad estremece una jubilación de avispas.
Cada mujer marca encuentros, surca cielos lejanos y proclama un rosario de incienso, una playa, dos galeones internos, con el fin de superase y ser mejor cada día.
Cada mujer ama, y enloquece de meteoritos y de lluvias ácidas… cada mujer es hecatombe de aguas, espiral de fuego, boca de almendro y noche pararrayos.
Mestiza de caballos el alma rebalsa de patios y de silencios.
Algunas mujeres son víspera de campana, tormenta de impala, unción, radiografía, purpura, bermejo y carboncillo. En cada mujer se esconde una gladiadora de osadía, prudencia, tregua, sal y tortilla.
Curva, pantorrilla, corazón y arpa así es la mujer hondureña.
Algunas lo hacen entre remansos de peces plateados y tras metonimias y caracoles de monte.
Todos los días son días de la mujer, amanece repartiendo su esencia de ser nuevo por todos los puntos cardinales. Camina aunque no tenga zapatos. La madre Teresa de Calcuta decía: “Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón. ¡¡¡Pero nunca te detengas!!!
Y así somos… mujeres de paso firme que nunca se detienen. Un verso anónimo dice que: “El corazón de las mujeres es lo que hace al mundo girar” y en efecto, gira.
Diana Espinal