Honduras
La aspiración de las mujeres hondureñas de hacer uso del poder político no es reciente, ya en los años 40 del siglo pasado se escucharon los primeros reclamos, mismos que como siempre se encontraron con la resistencia de los legisladores.
Sin embargo, en los años 50 se destacan las mujeres sufragistas con mayor conciencia, dignidad y respeto al pronunciarse por el derecho al voto como un medio de transformación de los valores políticos, sociales y económicos.
Graciela Bogran expresó en febrero de 1952: “No deseamos el voto como peldaño de miserables ambiciones. Tampoco para servir a bastardos intereses. Ni para venderlo al mejor postor. Lo pedimos, si, para utilizarlo en beneficio común, libre de manchas y estigmas.
Lo necesitamos como un canal para transmitir nuestra voz, a veces apretada de angustia. Lo buscamos como un camino hacia la redención social, como un equilibrio de fuerzas morales y como un medio de significación por la igualdad a la que tenemos derecho como integrantes de la colectividad humana.
Lo solicitamos porque creemos en los postulados democráticos y no puede haber democracia en un país donde la ciudadanía es un privilegio de sexo”.
Fue hasta 1954 que se aprueba la carta de ciudadanía de las mujeres.
Cincuenta años después el Movimiento de Mujeres “Visitación Padilla” asume la tarea inconclusa aun, retoma las aspiraciones de aquellas mujeres y aviva la lucha con el lema “LA MITAD DEL PODER PARA LA MUJER”, que expresa sigilosamente la constitución de una fuerza social capaz de transformar el sistema que nos niega la participación política, pero también invita, provoca, reta, induce a las mujeres a prepararse en todas las disciplinas del espacio publico e impregnarlo de pensamiento, obras, acciones femeninas, “para convertirlo en una manzana que podamos comer alegremente” parafraseando a la poetisa guatemalteca Gisela López.
La vida de los movimientos en Honduras es un proyecto de futuro porque se nutre de la creatividad, la fuerza, los sueños, la esperanza, los pesares, los obstáculos y la alegría de las mujeres.
Parece que en este país las mujeres caminan presurosas porque ya se asoman y se sienten las señales de la libertad, sin dejar por eso de marcar la senda por donde transitar con tinta legible para que nadie intente borrarlas.