Honduras
Súbitamente, el esfuerzo desplegado con los corazones hinchados y las almas moviéndose sobre los pies pinoleros, dándole forma a una probable hazaña, saltó convertido en astillas, como producto del estallido de una granada.
¿Qué hacer con nuestras ilusiones rotas frente a un marcador que miente? No, el bravo, combativo y por momentos audaz equipo nica, no merecía perder de esa forma. Esa diferencia por 4-1 a favor de una escuadra hondureña ensombrecida pese a su control del balón y el terreno la mayor parte del tiempo, no fue cierta en el accionar realizado y los méritos acumulados.
Obviamente, Honduras es más equipo. Todos lo sabíamos, pero ayer tuvo el balón sin las suficientes ideas, sin los necesarios recursos para resolver durante el dominio ejercido, preocupándose por ese empate 1-1 sostenido a lo largo de 64 minutos, aturdidos por el gol de poética belleza dibujado por Armando Reyes.
Las lágrimas no tienen sentido frente a una fatalidad sin sentido, como empujar una pelota con la pierna contra tu propia cabaña, perforando a un arquero que “se clavó” sorprendentemente. No lo podíamos creer. De pronto, Nicaragua perdía 2-1 aguijoneada por una acción tan desafortunada como injusta.
Hasta ese momento, en un partido de máxima exigencia, la Selección nica estaba respondiendo, emocionando al país. Honduras exhibió una mejor colocación de sus hombres, un delicado tratamiento a la pelota, mejores entregas, facilidad para abrir juego por las bandas y proyectarse, pero la defensa nica se multiplicaba y las opciones de contragolpe, obligaban a las frustradas tribunas, a encender las alarmas.
A los 15 minutos el pase de Elvis Turcios a Saúl Martínez por la izquierda, facilita penetración y remate que “El Pulpo” Espinoza desvía ligeramente con la zurda, sólo para propiciar que Mario Rodríguez empuje el balón a las redes para el 1-0 favorable a Honduras.
La “joya” del juego la realizó Armando Reyes al minuto 30, ingresando velozmente y fajándose por el centro con seguridad, destreza y confianza, aguantando la arremetida de cuatro defensas por diferentes puntos de cobertura, halando la pelota con la derecha para su perfil izquierdo, y disparando entre dos intentos de cierre, metiendo la pelota junto a la escuadra izquierda de la cabaña defendida por Valladares.
Lo fatal, hizo acto de presencia al minuto 64, cuando David Solórzano, sin control de la conexión que tienen los mecanismos cerebral y muscular, desvió con su pierna derecha, un centro al área chica, frente a las narices de Espinoza.
El impacto sicológico fue tan fuerte como un puñetazo de Foreman. Los goles de Saúl y Walter Martínez a los 72 y 78 minutos, sellaron el 4-1, que no grafica la terca resistencia y capacidad combativa de los pinoleros, afectados por dos fallos defensivos, porque en el tercer gol catracho, Solórzano, que parecía brotado de una tragedia griega, no pudo pegarle a una pelota que viniendo desde la izquierda, estaba a su alcance, era de su propiedad.
Al caer el telón, como diría Rubén, del abismo se levantaba una queja amarga y sonora.