Estados Unidos
El economista John Kenneth Galbraith comentó alguna vez: “La única función de la predicción económica es hacer que la astrología parezca respetable”.
Sin embargo, tenemos que preguntar: ¿esto que tocamos ya es el fondo?
Después de meses de agobiantes noticias económicas, la semana pasada parecieron levantarse las sombras, aunque fuera solo por un momento.
El mercado de acciones subió 12% en cuatro días. Dos de los principales bancos del país anunciaron haber regresado a la rentabilidad. General Motors indicó que este mes no necesitaría los dos mil millones de dólares en ayuda del gobierno.
Y las ventas al menudeo estuvieron mejor de lo esperado.
Viéndolo bien, quizá eso sea lo que consideremos buenas noticias estos días.
El mercado aún sigue más de 50% abajo desde su culminación hace 17 meses. Sí, los bancos ganaron dinero, pero solo durante dos meses y no importan los miles de millones de dólares en bienes tóxicos que siguen en sus libros. General Motors, con toda probabilidad, seguirá necesitando más adelante miles de millones de dólares de fondos públicos y nada garantiza que sobreviva. ¿Y esas cifras de ventas al menudeo? De todos modos son malas, solo que no tanto como esperaban los analistas.
Aminora caída libre
Con todo, entre algunos economistas y analistas de Wall Street existe la impresión de que, si bien no se ha llegado al fondo, la caída libre podría estar aminorando. Nada menos que Lawrence Summers, principal asesor económico del presidente Barack Obama, declaró que, si bien la crisis económica no concluirá pronto, sí hay signos de que está menguando.
Los que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cómo sabremos cuándo tocamos fondo, ya sea este mismo año o dentro de más años?
No existe ninguna respuesta sencilla.
Galbraith no fue el primero ni el último economista en reconocer la falibilidad de predecir los puntos decisivos. (Pensemos tan solo en las declaraciones de altos funcionarios del gobierno a principios de 2007, que aseguraban que los crecientes problemas con las hipotecas de subprimas ya estaban “contenidos”.)
Prever el fin de la actual recesión es aun más difícil pues eso depende de la rapidez y la eficiencia con que los gobiernos resuelvan la crisis del sistema bancario. Muchos inversionistas siguen preocupados por la insolvencia de las instituciones financieras más grandes del mundo, pese a que Washington afirme que esos establecimientos tienen mucho capital.
Diagnóstico
Será decisiva la forma en que los políticos diagnostiquen y arreglen los bancos.
Los analistas afirman que la respuesta errática y mal dirigida del gobierno exacerbó el “decenio perdido” de Japón en los años noventa, así como la gran depresión de los treinta. “Todo lo que pueda empeorar la situación es una mala política”, advirtió Thomas F. Cooley, decano de la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York.
A fin de cuentas, probablemente no haya forma de saber con seguridad que hemos tocado fondo hasta que no estemos en el repunte. Empero, los analistas afirman que hay algunos indicadores que permiten detectar el fondo y la recuperación, en momentos en que puede ser difícil ver más allá de la desesperanza.
Las acciones
La historia enseña que el mercado accionario generalmente llega al fondo antes que el resto de la economía.
En octubre, Warren E. Buffett, uno de los inversionistas más exitosos del mundo, declaró que compraría acciones estadounidenses pues estas por lo general se elevan “mucho antes que la opinión o que la economía”.
Pero también reconoció que no tenía “la menor idea” de lo que sucedería al siguiente mes o durante el año siguiente.
Desde entonces, las acciones han bajado otro 20% y, con el mercado en un nivel que no se veía desde 1977, los acciones están baratas conforme a patrones históricos.
El índice precio-ganancia -que les permite a los inversionistas medir cuánto están pagando por cada dólar de ganancia- es de alrededor de 13, un 20% menos que el promedio de los últimos 130 años.
Pero muchos inversionistas permanecen a la expectativa.
Los fondos del mercado de dinero han crecido a 3.8 billones de dólares, cuando hace dos años estaban en 2.4 billones.
Y el efectivo que los bancos guardan en sus bóvedas y en la Reserva Federal se ha más que duplicado en los últimos nueve meses.