Reino Unido
China creció un 8.7% en 2009 y va camino a ser la segunda potencia económica mundial y amenazar la supremacía de Estados Unidos. Un punto a favor.
Sin embargo, algunos analistas comparan al dragón chino actual con el boyante Japón de los años 80 (cuando los japoneses compraron, por ejemplo, el Rockefeller Center de Nueva York) y su burbuja económica que acabó explotando, seguida de dos décadas de crecimiento raquítico.
Si fuese cierto, esto supondría una amenaza muy seria a las economías mundiales, sobre todo las latinoamericanas, cada vez más dependientes del empuje chino para salir de la crisis actual.
Caso de estudio
Las semejanzas entre ambos casos son muchas: altos índices de ahorros, una moneda infravalorada y un crecimiento impulsado por las exportaciones. Y las señales de que la economía china se estaría recalentando ya están aquí.
La inflación en diciembre, por ejemplo, fue la más alta en casi dos años, y los precios de las propiedades inmobiliarias en Pekín y Shanghái se han disparado.
Por si estas semejanzas fueran pocas, Japón invirtió una fortuna en proyectos de infraestructura en ese entonces para evitar la crisis, construyendo lo que después se llamaron “puentes hacia la nada”, y acumulando una deuda masiva que sigue arrastrando hoy en día. China, por otro lado, lanzó el año pasado un masivo programa de estímulo económico, 586,000 millones de dólares para evitar la recesión, dinero que entre otros fue a la construcción de carreteras y una red de trenes de alta velocidad.