Corea del Sur
Los líderes de las 20 economías más poderosas del planeta abrieron el jueves en Seúl una cumbre, destinada a corregir los desequilibrios cambiarios que afectan al comercio mundial, con un tenso debate por las políticas monetarias de Estados Unidos y China.
La quinta cumbre de potencias industrializadas y emergentes se abrió con una cena oficial ofrecida por el presidente surcoreano Lee Myung-bak en el Museo Nacional de Corea del Sur, y concluirá el viernes por la tarde.
La polémica por la "guerra de divisas", que implica en principio a Estados Unidos y China por la infravaloración del yuan, ha acentuado las diferencias entre los miembros del grupo, que está lejos de la cohesión exhibida en su primera cumbre de 2008 en Washington, en el apogeo de la crisis financiera mundial.
Convertido en uno de los voceros de los países emergentes, que han quedado atrapados en esta pelea, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva advirtió el jueves en Seúl que las naciones industrializadas deben fomentar su consumo interno, ya que en caso contrario "el mundo va a la quiebra".
"Si ellos (los países desarrollados) no consumen, y se quiere apostar solo a las exportaciones (como mecanismo para salir de la crisis), el mundo va a la quiebra", dijo Lula, señalando que el comercio mundial depende directamente del consumo en las naciones industrializadas.
El debate sobre las intervenciones para depreciar las monedas e impulsar las exportaciones propias se tensó más tras la decisión tomada la semana pasada por la Reserva Federal, el banco central estadounidense, de inyectar 600,000 millones de dólares en el circuito financiero.
Este anuncio despertó fuertes críticas de China, Alemania y Brasil porque debilita la cotización del dólar.
Tanto el presidente Barack Obama a su llegada a Seúl el miércoles, como su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, ayer, defendieron que Estados Unidos adopte medidas para alentar el consumo interno en una economía que no logra crear empleos.