Estados Unidos
Verla, india. Hay ocasiones en que aparece una tecnología que cristaliza un momento cultural. Desde los estadounidenses y sus automóviles en los años cincuenta, quizá no había habido un pueblo y una tecnología que se desposaran tan felizmente como los indios y sus teléfonos celulares: pequeños o grandes, en modo de vibración o de repique, Blackberry o comunes y corrientes.
Y ni la India ni los teléfonos celulares serán los mismos después de este ayuntamiento. La India registra más conexiones de teléfonos celulares que ningún otro lugar, con 15.6 millones tan solo en marzo. El costo de las llamadas es de los más bajos del mundo. Y el dispositivo desempeña aquí un papel más grande de lo imaginado; más grande, al parecer, que en los países ricos donde fue inventado.
Por supuesto, en un país tan grande, los casi 400 millones de usuarios de teléfono celular que hay en la India representan tan solo la tercera parte de la población. Pero la tecnología ha cruzado las clases sociales, ha llegado a los barrios bajos, a los poblados y aldeas, convirtiéndose en una rara posesión que atraviesa los muros de casta, de religión y de clase. La mayoría de los subscriptores se encuentran ahora fuera de las grandes ciudades y de los estados más ricos. Y aunque la factura promedio, de menos de cinco dólares al mes, representa el 7% del ingreso promedio de los indios, al parecer son muchos los que consideran que los vale. De continuar las tendencias actuales, dentro de cinco años todos los indios tendrán un teléfono celular.
¿Qué hace que el teléfono celular sea tan especial en la India? Eso se debe en parte a que la India se saltó la revolución de las líneas fijas, por lo que para millones de personas, el teléfono celular se convirtió en el primer contacto real con el mundo externo. También se debe en parte a que, como son pocas las otras máquinas que se venden tan diligentemente, el teléfono celular en la India está obligado a ser también una computadora personal, una linterna, una cámara fotográfica, un aparato de música, una consola de videojuegos y una agenda. Y en parte también, a que la relativa pobreza del país obliga a los proveedores a ser más creativos para sobrevivir.
Pero es también porque el teléfono celular apela profundamente a la piscología india, al difundido deseo de tener voz y un espacio personal, no como desafío a la familia y a la tribu, sino en su caótico seno.
Imaginemos lo que, en la era anterior al celular, representaba ser un joven en un hogar tradicional. Hay gente por donde quiera. Las puertas siempre están abiertas. Los juicios vuelan. Las recámaras se comparten. Los teléfonos que hay están situados en el centro.
Individualización
El teléfono celular sirve, por tanto, como una tecnología de individuación. Con el teléfono celular cada quien es su propia persona.
Nadie contesta nuestras llamadas ni lee nuestros mensajes. Nuestro número es solo nuestro.
Empero, el joven indio rebelde, a diferencia de sus congéneres occidentales, no se rebela por completo. Quiere saborear su nueva individualidad, pero lo hace sentado a la mesa con sus padres a la hora de la cena, escuchando a su abuela que le implora que se case. Él escucha y después oprime algunas teclas en su celular para escaparse; después escucha un poco más y teclea. Y luego vuelve a escuchar.
El teléfono celular atrae también porque apela a la necesidad india de colocar a las personas en un rango. Las diferencias entre los aparatos representan ahora el papel que otrora representaran las marcas en la frente, los lazos en el torso y los brazaletes de metal: anunciar quién tiene precedencia sobre quién.
La gente pequeña tiene teléfonos celulares pequeños y la gente grande los tiene grandes. El número telefónico de la gente pequeña es un revoltijo de cifras, mientras que el de la gente grande termina en 77777 o algo igualmente rimbombante y
fácil de recordar. La gente pequeña tiene un aparato y la gente grande tiene dos. La gente pequeña ajusta sus teléfonos tan solo para que repiquen, mientras que la gente grande hace que toquen canciones de Bollywood cuando se les llama.
En pocas palabras, el teléfono celular mismo se ha vuelto indio. Hay 65 veces más conexiones de teléfono celular que de Internet de banda ancha, y la brecha se está ampliando. Y así, aquellos que quieren influir en los indios no están esperando a que se arraigue la computadora, sino que están buscando la forma de hacer en el teléfono celular lo que los occidentales hacen en línea.
Las compañías indias han inventado métodos de enviar dinero a los templos, pagar los abarrotes, encontrar trabajo y enviar y recibir mensajes de correo electrónico incluso en humildes teléfonos sin conexión de datos.