El desempleo se ha convertido en una de las lacras sociales del fin de siglo. Acceder a un puesto de trabajo supone un reto, especialmente para aquellos grupos con menos posibilidades de inserción profesional.
Los discapacitados forman parte de uno de estos colectivos que sufren con mayor intensidad la discriminación en el mercado laboral. Junto a la carencia de oportunidades en el mercado laboral, estos trabajadores se enfrentan a dificultades añadidas, como un bajo nivel de calificación o los perjuicios del empresariado a la hora de encontrar un empleo.
Sin embargo, los más jóvenes, suficientemente preparados, no se resignan a permanecer pasivos y buscan desesperadamente un puesto de trabajo que les permita ganarse la vida como cualquier otra persona.
Sin empleo, es difícil que los discapacitados puedan integrarse plenamente en la sociedad.
Gracias a la labor de estas asociaciones de discapacitados en el mundo, las personas con discapacidad han demostrado que pueden desenvolverse en el puesto de trabajo para el que están calificados para desempeñarse en los distintas áreas de trabajo con la misma eficacia que el resto de los trabajadores.
A pesar de los esfuerzos realizados por estas entidades, las reservas de las empresas a la hora de contratar a un discapacitado obstaculizan su avance en el terreno laboral.
Las nuevas tecnologías han hecho realidad el desarrollo de las tareas sin necesidad de desplazarse de casa. Lo cual representa una nueva oportunidad para las personas que se les es imposible realizar algunas tareas relacionadas con el trabajo que tienen o con lo que les gusta hacer.
Los trabajos de mecánica, carpintería y soldadura eléctrica ya no son imposibles para los discapacitados, gracias a los aportes de la tecnología al ámbito laboral.
