Honduras
La población hondureña se muestra cansada de la política, entendida como un juego de rivalidades entre los partidos existentes.
Reclama la construcción de acuerdos programáticos entre los partidos mayoritarios, que se coloquen por encima de las luchas electorales y los cambios de gobierno.
La anterior es una de las conclusiones hechas por los consultores Luis E. González Ferrer y Gonzalo Kmaid Ricetto, autores de un estudio sobre la situación política de Honduras (2008-2009), realizado en el marco del Proyecto de Análisis Político y Escenarios Prospectivos (PAPEP), que impulsa el Programa de las Naciones Unidas y cuyo informe fue presentado ayer a la sociedad hondureña.
Según los expertos, los desencantos acumulados golpean a los dos partidos mayoritarios por lo que, si en las elecciones del 2009 se rompe el ciclo que se ha venido manifestando -a partir del retorno al orden constitucional- de dos gobiernos liberales y uno nacionalista, el país estaría ingresando a una nueva etapa política.
Plantean que si los partidos políticos no asumen la responsabilidad de resolver los problemas que como gobierno no han logrado hacer las consecuencias negativas serían inevitables.
Los autores señalan que la falta de legitimidad de los partidos puede favorecer la emergencia de figuras más “populistas”, menos preocupadas por el fortalecimiento institucional, con liderazgos fuertemente personalizados, que pueden surgir de alguno de los partidos establecidos y conducir a prácticas políticas poco democráticas (como ocurrió en Perú, Venezuela y Ecuador).
“Si a esto se suma el deterioro de la imagen de los partidos y el desencanto hacia el gobierno, las circunstancias comienzan a ser peligrosamente favorables a una crisis político-institucional”, recalcan los especialistas.
El estudio subraya que la experiencia indica que si los cuestionamientos a la forma tradicional de hacer política se prolongan en un contexto de agravamiento de los problemas sociales y económicos, el desenlace puede ser un cambio profundo del sistema de partidos, una crisis institucional, o ambas cosas al mismo tiempo.
Aclaran que esto no significa que a corto plazo ocurrirá una crisis de esa naturaleza sino que la situación se vuelve potencialmente más inestable, y que muchos acontecimientos que, en otras circunstancias serían solamente “problemas relativamente habituales”, en el presente contexto podrían ser los factores disparadores de una crisis.