Qué estilo tan extraño y tan dañino de conducir el Estado. ¿Será intencional o inconsciente? La improvisación, la incapacidad, les imposibilita el uso del sentido común para discernir entre lo que es más o menos importante.
¿O será que lejos de cualquier improvisación o incapacidad es planificación exacta y habilidad precisa para alcanzar mezquinos objetivos particulares en detrimento del interés público, lo que subyace? Es la vocación al desorden de la actual administración gubernamental, lo que nos confunde.
El interés aparente en concentrar todos los recursos del Estado en la atención a los compatriotas damnificados y la rehabilitación de la infraestructura, contrasta con el ánimo despreocupado con que se ha avalado el despilfarro.
El cuantificable y el que no. Son inocultables las maniobras burdas para posponer las elecciones primarias con propósitos oscurantistas, para lo cual, cualquier pretexto es de utilidad.
Más aún el que nos toca el corazón como es el infortunio de muchos compatriotas. No aceptemos que nuestras Fuerzas Armadas estén imposibilitadas para colaborar en la atención de los afectados por la naturaleza en esta época de tormentas y a la vez cumplir con su deber constitucional de garantizar las elecciones.
Cualquier gerente promedio comprenderÃa que es asunto de adecuada organización para alcanzar los objetivos. Pero es este tipo de ruleta rusa con que el Presidente Zelaya juega a gobernarnos, lo que rechazamos.
No, no es el Partido Liberal el que gobierna. No, no somos los liberales los que estamos dirigiendo vendados la Nación. Podrán ser aplaudidos en el extranjero en donde no se conocen las pifias con que aquà opacan los aciertos.
Que los hay, pero deslucidos ante el crónico error de gobernar para su provecho. Presidente Zelaya: recuerde que es Honduras la que le permitimos administrar, ya no una parcela allá en el monte. Demandamos su respeto. Y si no lo ha hecho, entienda que es nuestro mandatario y nosotros sus mandantes. ¡Cumpla con su deber!