Honduras
La Navidad tocará las puertas de los hogares capitalinos en unos días. A pesar de la crisis y los problemas, las familias de Tegucigalpa y Comayagüela se preparan para celebrar, cada una según sus posibilidades, el nacimiento del hijo de Dios.
Para Trinidad Flores, una anciana de 75 años de edad, esperar en familia la Nochebuena es recordar lo que se puede hacer por los demás.
“Debemos abrir el corazón a quien lo necesita, brindándole ayuda y no esperar a que la pida para ofrecerla; la unidad debe de prevalecer en todos los hogares hondureños en Navidad.
La unidad de la familia es lo mejor, una cena para compartir la alegría de estas fechas es lo más recomendable”, dijo.
Y es que para muchos la Navidad se reduce a comprar ropa para estrenar, obsequios y preparar un suculento agasajo culinario, olvidándose del verdadero sentido navideño.
Fe cristiana
Para muchos feligreses católicos, la celebración de la Navidad se realiza con un tiempo de adviento donde se medita en los misterios de la encarnación del Señor, dos celebraciones dedicadas a la virgen María y la Inmaculada Concepción.
Además de actos penitenciales donde cada feligrés paga alguna promesa o favor recibido, a su vez se realiza una misa de novena, la cual dura hasta Nochebuena.
“Como católicos celebramos la llegada del salvador del mundo de la mejor manera: realizando muchas actividades con nuestra comunidad, enseñándole a cada una de las familias que este es un tiempo de unificación familiar, donde la paz y la hermandad deben reinar en cada hogar hondureño”, comentó Carlo Magno Núñez, canciller de la iglesia católica.
Para los feligreses católicos, una de sus mayores tradiciones son las famosas posadas, fiestas populares que se celebran durante los nueve días antes de Navidad, o sea del 16 al 24 de diciembre.
El verdadero sentido
Estas fiestas recuerdan el peregrinaje de María y José desde su salida de Nazareth hasta Belén, donde buscan un lugar para alojarse y esperar el nacimiento del niño Jesús.
Para Carlos Ruiz, participar en este tipo de actividades lo lleva a un compromiso con su fe católica, misma que le ha sido inculcada por su progenitora.
“Como joven siempre pensaba que la Navidad era para ir de compras y después de las 12:00 de la medianoche salir a una disco, pero mi mamá poco a poco me fue involucrando en el desarrollo de las posadas; fue así como descubrí que la Nochebuena no solo es estrenar, si no también un momento para tener un regocijo espiritual y compartir con los seres que uno quiere”, relató.
Y es que la fecha es propicia para compartir con la familia y los seres que más cerca están, o en muchos de los casos recordar a aquellos que ya no están.
Ese es el caso de Alexis Mejía, un joven capitalino de 28 años, quien perdió a su madre hace varios años y su único consuelo en estas fechas lo encuentra en su segunda casa, la iglesia.
“No tener a mi madre este año es motivo de tristeza, la cual es compensada con el calor que encuentro entre los hermanos.
Celebraré el 24 de diciembre asistiendo a un culto donde se prediquen las buenas nuevas del ‘Evangelio’, eso es lo único que me puede animar en este tiempo.
Creo firmemente que Jesús está en mi corazón y es el que me ayuda a continuar adelante”, expresó.
Jesús une a la familia
“Para esta fecha tratamos de apoyar mucho la parte sentimental de nuestra congregación desarrollado reuniones para exponerles la palabra de Dios, con un mensaje fresco, lleno de dicha, y a la vez poderles enseñar que la Navidad no son solo gastos y fiesta, si no un momento para estar en familia”, afirmó Zulema de Peñalba, pastora de iglesia Redención.
La familia es el pilar fundamental de la sociedad y por ende de todas las religiones; ya sea compartiendo regalos, disfrutando de un momento en casa junto al árbol de Navidad o degustando los ricos platillos hechos en el hogar con la receta especial de la abuela, este tiempo es para compartir.
Para Luis Castillo, un capitalino que asiste a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, esta época es para recordar el hecho de que Jesús se hizo hombre y habitó entre nosotros con la misión de salvar a la humanidad.
“Es un tiempo donde la familia juega un papel fundamental; nosotros como iglesia tenemos reuniones especiales en cada barrio para recordar ese momento, cada capilla realiza actividades con los asistentes a la reunión donde se comparte una linda unidad y a la vez se disfruta de un rico platillo para cada miembro”, explicó Castillo.
Y es que los capitalinos, independientemente de su credo, raza o posición social, celebran la Navidad de maneras similares.
La unidad familiar es el motivo principal para preparar una cena donde convergen platillos típicos como los nacatamales y las torrejas, porque ahí, en cada núcleo del hogar más humilde, se celebra el nacimiento de Jesús.