Honduras
El viento en la pista de Toncontín le dio la bienvenida. Miró a su alrededor, sonrió y buscó algo en las bolsas de su jeans. No encontró nada.
Kevin Manuel Ordóñez olvidó que lo que traía venía en una bolsa plástica transparente.
Todo deportado de Estados Unidos tiene vedado traer pertenencias como equipaje de mano, todo viene en la bolsa: sus papeles de identificación, los cordones de sus zapatos, su faja y alguna ropa.
Por lapsos, su miraba quedaba fija en el lápiz del oficial de migración que le tomó los datos en el Centro del Migrante. Parecía que estaba hipnotizado.
Posiblemente pensaba en los seis meses que permaneció preso antes de ser deportado.
No podía creer que después de 180 días privado de libertad estaba en Honduras, sentado en una silla, frente a ese oficial que le preguntaba su nombre, edad y lugar de nacimiento.
Promesa cumplida
Priscila Ruiz, madre de Kevin Manuel, esperaba afuera del Centro del Migrante, tal y como lo había prometido, a su hijo vía teléfono.
El aroma a café y el sabor de la tortilla de harina caliente con frijoles y mantequilla se encargaron de despedir a Kevin del Centro de Atención al Migrante, donde todos los deportados tienen que hacer el “chequeo” para entrar con libertad a la tierra que los vio nacer.
“Estaba rica la baleada, buena, ja, ja, ja... ahora voy a la casa a que me hagan más”, contó mientras abrazaba a su madre que lo vino a recoger desde Comayagua, Comayagua.
Pero la sonrisa dura poco. Doña Priscila seca las lágrimas de sus ojos. No seca las de su hijo porque él se le adelanta.
Ambos se funden en un abrazo y sus voces denotan sentimientos a veces de frustración y a veces de alegría.
“Las autoridades tienen mucha culpa en que tengan tanto tiempo a nuestros hijos presos... que hagan algo... ya mi hijo está aquí y eso es lo que importa”, se queja, aconseja y recapacita doña Priscila.
Kevin es uno de los 90 compatriotas que llegaron ayer en condición de deportados desde Estados Unidos, en el primer vuelo de retornados que reporta 2009.
Todos los pasajeros son hombres. Para mañana se espera otro vuelo con 130 personas, dijo Aracely Romero, oficial de Migración asignada al Centro del Migrante.
En 2008 se impuso un nuevo récord en retornados desde esa nación con 30,018 mil connacionales.
En 2007, la cifra fue de 29,348, relató Romero.
Kevin lamenta la cacería de la que son víctimas miles de indocumentados en Estados Unidos.
“Hasta de la casa nos van a sacar esos bárbaros”, dijo sin tapujos este compatriota, casi jurando por Dios que nunca volverá a intentar irse a esa nación.
Se le preguntó qué siente estar en su país de nuevo, pero no pudo responder, su respiración lo traicionó y casi lo ahoga.
Solo movió repetidas veces su cabeza como negando un delito, frunció la frente y los ojos parecían los de un asiático y dijo: “No te lo puedo decir loco, no puedo”.