Honduras
El patrón no le ha oficializado el despido. Sin embargo, desde horas muy tempranas de ayer se presentó a que le realizaran el cálculo de sus derechos laborales.
Blanca Lidia López nunca se imaginó que, después de 12 años, en 2009 dejaría de trabajar en la pequeña costurería.
Ella es una de las personas de mayor experiencia en la elaboración de los productos.
Doña Blanca asegura que el propietario del establecimiento comentó a los seis empleados que debido al incremento al salario mínimo iba a cerrar el negocio.
Eso provocó que los cinco trabajadores establecieron un diálogo con el gerente de la empresa para continuar con sus labores.
A Blanca Lidia le ofrecieron pagarle el 50 por ciento de sus prestaciones, pero de acuerdo con el cálculo realizado por los propietarios de la empresa.
A raíz de eso, se presentó a la Unida de Cálculo de Prestaciones. Allí el inspector le aseguró que el pago por sus derechos laborales asciende a 55 mil lempiras.
Decidida
Aunque López todavía es empleada de la empresa, está dispuesta a recibir el 50 por ciento de lo que establece la ley, pues asegura que no quiere andar de arriba para abajo peleando para que le den el dinero que con mucho sacrificio se ha ganado.
Lo que más le preocupa a Blanca Lidia López es que tiene tres hijos que mantener y el salario de su esposo no alcanzaría para cubrir todos los gastos en que se incurre en el hogar y al dejar de trabajar los ingresos disminuyen.
Contó que el mayor de sus hijos tiene 14 años, le sigue uno de 6 y la menor tiene apenas tres. Todos ellos dependen en un gran porcentaje del ingreso que le genera su trabajo.
“Es lamentable que a raíz del incremento al salario mínimo, que ahora es de 5,500 lempiras, estén tomando estas decisiones”, dijo con una voz de preocupación.
Lo que sí dejó establecido es que “prefiero ganar poco que estar sin empleo, aunque en estos tiempos ninguna persona puede vivir con un salario de 2,700 lempiras mensuales.
Se debe aspirar a ganar más de eso”.
La mentalidad de doña Blanca es buscar otro trabajo y no pierde las esperanzas de que lo va a encontrar lo más pronto posible.
De lo contrario, está dispuesta a emprender la lucha en su pequeña residencia ubicada en la colonia Santa Cecilia de Comayagüela.
“Si me dan las prestaciones voy a comprar una máquina de costurar y poco a poco iré haciendo los clientes”, dijo con un poco de nostalgia.
Abarrotados
En los últimos días, a la Secretaría del Trabajo se han presentado centenares de personas a quienes se les ha entregado el “sobre blanco”.
Todos ellos aseguran que han sido cesanteados porque con el incremento en el pago del salario mínimo las empresas no tendrán la capacidad de cumplir con los compromisos.
Los ocultan
Lo raro es que ayer el número de personas que se presentaron a hacer trámites para el cálculo de prestaciones era mínimo.
Sin embargo, eso es una “falsa percepción”, ya que a cada una de las personas que llegaban a tramitar el cálculo de prestaciones las enviaban al sótano del edificio de dicha secretaría de Estado.
Un inspector se encargaba de hacer los llamados y no se permitían más de cinco personas. Eso reflejaba que la cantidad de afectados por los despidos era menor a los días anteriores.
“Regresaré a mi lugar a trabajar con mi madre”
La determinación del presidente de la República, Manuel Zelaya Rosales, de aumentar el salario mínimo a 5,500 lempiras frustró las esperanzas de Gissela Chacón de seguir viviendo en la capital.
Durante 15 meses trabajó como impulsadora de productos, pero hace dos días la despidieron y ahora lo único que le queda es reunirse de nuevo con sus seres queridos.
Asegura que le prometieron que le van a pagar las prestaciones y cuando eso se haga realidad se va a regresar a Yuscarán, El Paraíso, para ayudarle sus padres a vender en el pequeño negocio que hace seis años dejó por buscar mejores horizontes.
“Nunca imaginé que este año estaría de regreso en mi pueblo, pero como aquí las fuentes de trabajo se van a poner más difíciles, mejor me voy donde mis padres que tienen algo seguro para mí”, dijo Gissela Chacón.
“Voy a salir a las calles a vender ropa de mujer”
o, en vez de ser de bienestar para los trabajadores, los está afectando, especialmente a los que trabajan en pequeñas empresas.
“En la panadería donde trabajaba hicieron recorte de personal y yo fui una de las sacrificadas y ahora no sé qué voy hacer porque la situación está dificil”, dijo Juana María Castellanos.
Al ver que las fuentes de empleo cada día son más escasas, Castellanos piensa en salir a las calles a vender productos para dama.
Guarda las esperanzas de que le paguen todas sus prestaciones y con el dinero que le den comprar parte de la mercadería con la que piensa iniciar sus nuevas labores.
“Sé que no será nada fácil empezar algo que nunca he hecho, pero con la ayuda de Dios espero que todo me va a salir bien, porque voy a poner todo mi esfuerzo”.
“Me presenté a trabajar y me dieron el ‘sobre blanco’“
“Me dieron el despido solo porque el presidente de la República, Manuel Zelaya Rosales, aumentó el salario mínimo”, aseguró María Angélica Padilla al momento de solicitar el cálculo de sus prestaciones en el ministerio del Trabajo.
Aseguró que tenía menos de una año de trabajar en la empresa privada, pero los propietarios, al darse cuenta de la determinación de hacer el reajuste salarial, lo primero que pensaron fue en tirar a la calle a una parte de los empleados.
A sus 39 años, María Angélica espera encontrar un nuevo trabajo porque, de lo contrario, no sabe de dónde va a mantener a sus dos hijos.
Después de la publicación en el diario oficial La Gaceta, esto ya es una ley, lo que significa que no hay vuelta atrás y solo nos queda resignarnos a quedar sin el trabajo que teníamos.