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Visitando Currusté

San Pedro Sula expande su horizonte cultural con el nuevo parque arqueológico
09.01.09 - Actualizado: 09.01.09 06:25pm - Arturo Sosa: diario@elheraldo.hn.com

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San Pedro Sula ,

Honduras

A pocos kilómetros de la laguna de Ticamaya, en la periferia de la capital industrial, se levantan sobre interminables planicies una serie de montículos de diversas alturas y tamaños.

Adornados con tupidos árboles de madreado e interrumpidos por serpenteantes senderos, los montículos guardan una organización urbanística imperceptible al comienzo.

Para los ojos del inexperto, son solo promontorios de tierra y zacate.

Pero para los guardianes de nuestros tesoros históricos, los especialistas del Instituto Hondureño de Antropología e Historia, son mucho más que eso.

Son los restos de uno de los más importantes asentamientos indígenas precolombinos ubicados en el Valle de Sula.

Currusté es uno de los cerca de 400 asentamientos arqueológicos identificados en el extenso y rico valle del noroeste hondureño.

Con sus riquezas naturales, la región fue el hogar de numerosos pueblos indígenas, muchos de ellos ya identificados, gracias a minuciosas investigaciones en documentos coloniales creados a partir de la llegada de los conquistadores.

Pueblos como Ticamaya, Tibombo, Lemoa o Quelequele ya existían cuando ellos llegaron.

De acuerdo al investigador Russell N. Sheptak, en un artículo publicado en la revista Yaxkin del 2007, los españoles describían al valle como “cubierto de una selva húmeda y oscura de árboles altos y anchos”.

En 1590, continúa Russell, Juan Bautista Antonelli describía que todo el valle al norte del río Blanco era de “arcabucos y ciénagas”. Para los españoles, esta era la única sabana apta para la ganadería y todos los cerros estaban cubiertos de árboles maderables.

Curiosamente, Currusté está ubicada en un recodo del río Blanco, y el nombre que le dan los locales a estas tierras es el de Sabanas de Currusté.

Currusté existió entre el 700 y el 1,000 d. C. aproximadamente, y era uno de una docena de centros de similar tamaño en la zona, durante el período del clásico tardío.

De acuerdo a la Dra. Jeanne Lopiparo, investigadora del sitio, estos centros tenían plazas grandes con arquitectura monumental, pero nunca el tipo de jerarquía piramidal, característico de los mayas de tierras bajas.

La organización sociopolítica de estos centros era más bien un sistema de enlaces socioeconómicos y políticos bastante complejos; en donde cada unidad asumía varios papeles y posiciones en las relaciones mutuas.

¿Qué pueblo indígena habitó Currusté? Todavía falta mucho por estudiar para llegar a una respuesta concluyente.

Uniendo las investigaciones de Sheptak con las de Lopiparo, se podría sugerir algún pueblo relacionado con los lencas y que posiblemente comerciaban cacao o plumas de quetzal, entre otras riquezas, con indígenas de Yucatán o Guatemala.

La existencia de algunos apellidos indígenas en San Pedro Sula, como Chi que proviene de Yucatán o nombres como Chavacán, Masca o Chivana, descritos en documentos coloniales de Guatemala y Honduras, podrían apuntalar la hipótesis.

Mientras esto se resuelve, no pierda tiempo querido amigo y amiga, en su próximo viaje a la Costa Norte visité Currusté. Lleve repelente para mosquitos y la mente abierta; porque la historia se abre ante usted en las sabanas del Valle de Sula.

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