Honduras
“Vengo como mensajero de Dios. No he sentido cansancio desde esta mañana que crucé la frontera de Pasamonos, entre El Salvador y Honduras, hasta llegar donde mi familia, que es Ajuterique.
Aquí quiero morir y ser enterrado en la iglesia que el pueblo levantó a Dios, conocida como El Peregrino”.
Estas palabras pronunciadas por Eduardo Velásquez, conocido como “El Padre de Ajuterique” o “Padre pijinero”, anunciaban el regreso de este polémico personaje que en 2001 fue expulsado del país por las autoridades de migración y eclesiásticas.
Bajo fuertes medidas de seguridad que impedían el ingreso de desconocidos y mientras otros celebraban el Día de Reyes, el padre Eduardo Velásquez era felicitado y recibía constantes abrazos de niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Cuando llegó a las 3:30 de la tarde se producía una procesión fúnebre que salía de la parroquia del Señor Ecce Homo, que contrastaba con la música de banda y el estruendo de la pólvora por el júbilo del pueblo que se disputaba al peregrino y le pedía que pasara a bendecir sus hogares.
Tras ocho años fuera, el padre Eduardo Velásquez se presenta más formal, sin trenzas ni atuendos exóticos.
Afirmó que como sacerdote diocesano y bajo la autoridad del obispo Martín Barahona, de San Salvador, que rectora la parroquia Santa María Virgen de Ilopango, a quien le acredita el milagro de su regreso a Honduras con permiso legal, espera que no ocurra como en su viaje anterior.
En esa ocasión, desde Guatemala ingresó por la aduana de El Florido, Copán, con sus documentos en regla, pero fue expulsado de Honduras con seis patrullas de seguridad que lo acompañaron a la frontera con Guatemala.
Rey mago
“Soy un peregrino y un hombre dichoso. En esta visita como rey mago no deseo salir de Ajuterique, las familias se pelean para llevarme a dormir a sus casas y durante la noche ya se prepara el carnaval con toda la alegría de mi pueblo.
Vengo como turista, pero siempre lucharé por la verdad.En cuanto al obispo Víctor Scarpone, que solicitó mi expulsión del país, le digo que “lo perdono y lo amo más que nunca”.
La ex jueza de Ajuterique, Eldubina Salinas, lo tomó de la mano y lo llevó a una habitación para que descansara.
Mientras las ancianas rezaban, los hombres bebían, los niños jugaban y desde otra casa propiedad de Salinas vigilaban para que ninguna autoridad fuera a molestarlo.
Dijo que, políticamente, las personas que lucharon contra él estaban totalmente fracasadas.
El sacerdote habló unos cuantos minutos y su anfitriona terminó la entrevista sin haber explicado cuánto tiempo permanecerá en el país.