Honduras
Con su niño de 14 meses en brazos, llena de nervios y a la vez de alegría, Rosa Discua aguardaba sentada el turno para la operación de su bebé.
Y es que su pequeño Rigoberto Díaz fue uno de los primeros 25 niños con que arrancó la semana de cirugías de la brigada 2009 de Operación Sonrisa.
Al igual que esta madre capitalina, las demás presentes se encontraban en la misma condición.
En esta ocasión, el rostro de cien niños que tienen paladar hendido y labio leporino cambiará por completo.
Aproximadamente 40 personas entre ellas médicos nacionales y extranjeros, enfermeras, anestesiólogos, entre otros, son los encargados de las operaciones de los infantes con paladar hendido y labio leporino.
Las intervenciones
Después de las evaluaciones llevadas a cabo la semana pasada, se seleccionaron a estos cien niños que salieron bien en el chequeo general.
Giannina Güell, directora ejecutiva de la institución, manifestó que los menores que serán sometidos a la operación tienen que ser hospitalizados la noche anterior para regular su alimentación y a la vez asegurar su llegada.
“Antes de ser operados entran a una fase de preoperación donde son evaluados por última vez, seguidamente llevamos al niño y a su madre a la sala de Psicología en donde le explican el procedimiento de la operación”, dijo.
El tiempo que generalmente dura una cirugía de labio leporino es de 45 minutos a una hora, dependiendo si es un labio o los dos.
Cuando se trata de paladar hendido dura casi hora y media. Giannina manifestó que los pequeños que fueron evaluados y que se verificó que no necesitaban operación, se les da otro tipo de tratamientos como odontológicos y terapias de lenguaje, entre otros.
Asimismo, declaró que los niños que son operados se les da seguimiento a cada caso para asegurarse que la recuperación sea un éxito.
En algunos de los casos es la segunda cirugía que reciben, la mayoría de los niños evaluados solo necesitan de dos a tres intervenciones.
Más de diez años
Esta brigada es la décimosexta que se lleva a cabo en el país. En todos estos años le ha devuelto la sonrisa a cientos de niños capitalinos y de otros sectores del país.
El hospital General San Felipe ha sido el anfitrión.
El personal médico de este centro asistencial ha apoyado antes, durante y después la labor que las brigadas se llevan a cabo.
Los resultados después de cada intervención son evidentes.
Marlín Enmanuel Rosales, de tan solo cuatro años, es prueba de ello, el pequeño fue sometido ayer a su segunda operación.
Su madre, Amanda Martínez, manifestó que el semblante de su pequeño dio un cambio radical.
“Es la segunda operación de mi niño y estoy muy feliz porque él se ve y se siente mejor”, declaró.