Estados Unidos
Las fuerzas de combate de Estados Unidos en Irak serán retiradas en término de 18 meses, anunció ayer el presidente Barack Obama, en el cumplimiento de una promesa de su campaña electoral.
En un discurso a soldados y oficiales en la base de la infantería de marina Camp LeJeune, Carolina del Norte, Obama dijo que el retiro se realizará de manera “cautelosa” y que los comandantes militares lo llevarán a cabo en estrecha consulta con el gobierno iraquí.
Obama dijo que entre 30,000 y 50,000 efectivos permanecerán en el país para entrenar a las fuerzas iraquíes y ejecutar misiones antiterroristas.
Pero reveló además que la gran mayoría de los soldados que se retirarán no lo harán este año, y dijo que decenas de miles permanecerán en Irak.
“Las decisiones más importantes que deben adoptarse sobre el futuro de Irak deben ser tomadas por los iraquíes”, dijo Obama a cientos de infantes de marina y oficiales en la base, que está despachando miles de soldados al otro frente de guerra estadounidense en Afganistán.
Altos funcionarios del gobierno habían dicho que de los 100,000 soldados de combate, que serán retirados de Irak a lo largo de 18 meses, la mayoría permanecerá en la zona de guerra al menos hasta fin de año para asegurar la seguridad de las elecciones nacionales.
Y aun después de esa reducción, de 35,000 a 50,000 soldados permanecerían en Irak con la nueva misión de entrenamiento, protección de civiles y antiterrorismo.
Mientras la mayoría de los estadounidenses dicen a los encuestadores que la guerra fue un error y señalan que han muerto más de 4,250 estadounidenses, la fecha del 31 de agosto de 2010 para el fin de las operaciones de combate es posterior a lo que Obama había prometido como candidato.
Obama quiere concluir la misión en Irak para concentrarse más firmemente en Afganistán.
“Estados Unidos no puede seguir concentrado en Irak aislado de otras prioridades: enfrentamos el desafío de reconcentrarnos en Afganistán y Pakistán, de aliviar la carga a nuestros militares, y de reconstruir nuestra debilitada economía; esos son desafíos a los que haremos frente”, afirmó.
“Toda nación y todo grupo debe saber, sea cual fuere su actitud ante Estados Unidos, que el fin de la guerra en Irak abrirá una nueva era de liderazgo estadounidense y participación en el Oriente Medio”, agregó el presidente.
“Esto no reduce nuestro compromiso. Vamos a afianzar ese compromiso de brindar una mejor situación a la región, y esa era acaba de comenzar”. Obama admitió que quedan muchos problemas por resolver en ese país y admitió que “habrá días difíciles por delante”.
Entre ellos mencionó la violencia, la inestabilidad política, una masa de desplazados y desposeídos, el apoyo a medias al frágil gobierno iraquí entre los países vecinos, y la caída de los ingresos petroleros.
No podemos patrullar las calles de Irak hasta que estén completamente seguras ni quedarnos hasta que la unión de Irak sea perfeccionada.
No podemos mantener indefinidamente un compromiso que ha impuesto una carga a nuestros militares y que costará al pueblo estadounidense casi un billón (correcto) de dólares”.
Reproches
Es poco probablemente que los estadounidenses le hagan reproches en este sentido: con la llegada de la recesión económica, Irak ha dejado de ser una prioridad, a pesar de que la mayoría de la población sea hostil a una guerra que ha costado cientos de millones de dólares y la vida de más de 4,200 soldados.
El debate se centra ahora en el tamaño de la fuerza que se quedará en Irak después de agosto de 2010.
Algunos colegas demócratas del presidente consideran que la cifra de 50,000 hombres anunciada “es más elevada de lo que esperaba”, como dijo el jefe de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, que se sumó a la opinión expresada la víspera por la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.