Honduras
28.02.2009 - Padre Yovanny Guillén Salinas / Canciller Diocesano y asesor de Codimecos - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hnEn mis pasadas vacaciones de enero, en Miniápolis, una ciudad de Minnesota, Estados Unidos, cuya población alcanza unos tres millones de habitantes y su gente es muy noble y aman los valores familiares, tuve la oportunidad de vivir en medio de una bella familia muy cristiana y nativa de este lugar: Mark y Amy y sus tres hijos; Jorge, Noad, y María. Ellos son testimonio y ejemplo de fidelidad y entrega en la vida familiar, eso significa que también hay “gringos” como nosotros les decimos, que tienen corazón noble como en cada nación; hay de todo y para todos los gustos.
CERCA DE NUESTROS HERMANOS. Mis vacaciones también fueron una oportunidad para acercarme a nuestros hermanos migrantes de donde sean, de cualquier país de América Latina. De todos modos, aquí los llaman sencillamente “indocumentados”. Créanme, hermanos hondureños; es profundamente triste ver cómo sufren estos hermanos que son seres humanos y no solo indocumentados sin dignidad.
Compartí experiencias en tres parroquias distintas con los hispanos o “indocumentados” como suelen llamarles siempre. Confesé jóvenes, les escuché y también participé en reuniones de algunos grupos que realizan un lindo trabajo en favor de los latinoamericanos. Se llama “Ministerio hispano”, muchos que se vienen aquí se acuerdan de Dios y sirven comprometidamente, buscan una parroquia donde sentirse hijos de Dios, otros, como es muy triste y lo he comprobado sobre todo los hondureños, en su mayoría se olvida de Dios y solo les gusta parrandear.
TEMEROSOS. Tuve la bella oportunidad de dictar una conferencia en una organización no gubernamental que se llama “Ministerio de Agricultura y Comercio Justo” del Estado de Minnesota y les hablé de las razones por las que emigran los hondureños, sus consecuencias positivas y los efectos negativos de este fenómeno. Creo que puse un granito de arena en este inmenso mar. Por lo menos lo expresé con estas palabras: “traten a los migrantes como seres humanos y no como estorbo, que no son ‘perros’ sino seres humanos”.
También compartí con un grupo de mujeres latinas y personas líderes de las parroquias. Ellas piensan en grande, sobre todo, en cómo transformar su condición tan inhumana a una más humana, reconociendo sus valores y capacidades interiores. Me compartieron su dolor y sus miedos de ser personas migrantes; todos absolutamente todos los migrantes sufren profundos miedos: miedos a ser detenidos por la ‘migra’, más que ‘migra’ son ‘tigres’ vestidos de humanos.
Revelan sus temores a volver a su país de origen donde ganan una miseria casi inhumana como en Honduras, en donde, aunque le suban a Lps. 5,500 el salario mínimo, cada hondureños pobre solo seguirá ganando siete dólares diarios y se necesitan 12 para vivir con lo mínimo en la mesa.
Entre tanto, en Estados Unidos se gana entre siete y ocho dólares por hora, por lo menos en Minnesota. ¡Claro que así dan ganas irse para allá!
Pero ustedes familiares de migrantes: ¿saben lo que cuesta ganarse la plata aquí? ¿Saben lo que significa estar en una temperatura menor de 25 grados centígrados o trabajar a una altura de 20 pisos bajo un sol abrasador, como sucede en muchos otros Estados? ¿Saben lo que cuesta hacer los trabajos más serviles y sucios que allá en Honduras ni usted ni yo nunca haríamos?
Cuénteme entonces, ¿Por qué malgastan el dinero en cosas superficiales, fiestas, celebraciones de 15 años, electrodomésticos secundarios, etc?
¿No comprenden que ese dinero vale muchos miedos, lágrimas, desesperación, baja autoestima y desvaloramiento como persona? ¿Por qué únicamente llama a su familiar para pedirle dinero y no para animarlo, darle fe, mientras que usted como holgazán no trabaja para ganarse el dinero que pide?
Claro que hay ejemplo de personas que sí saben valorar esa plata.
¿Será justo que a usted se le vea degustando comidas rápidas, aunque sean comidas basuras o consumiendo en su casa muchas botellas de alcohol, mientras que allá en Estados Unidos, muchos migrantes no tienen nada en el plato apenas un poco de pan envejecido?
Mientras otros construyen con las remesas viviendas onerosas, que son una ofensa al resto de los pobres que tienen una humilde casa en su comunidad ¿Qué diferencia tiene una casa ahora de una colonia de ricos en la capital, con una casa de lujo en la comunidad más pobre de nuestro país? Nada, verdad. Solo el despilfarro de dinero. ¿Pero entiende usted que si su familiar no tiene trabajo en Estados Unidos, así como está la vida allá, ahora los sacan de su casita, de su apartamento y dormirán en la calle. ¿Quién cree que pagará por ellos?
Y mientras tanto, usted hermano hondureño cuando llama a sus familiares dice: ¡“mándeme más dólares; para comprar el mejor celular, la mejor camisa! ¿Entiende lo que esto significa? ¿Entiende que si a ellos los agarran los “tigres” como yo les llamo, estarán amarrados y con las manos juntas a los pies, y si necesitan medicamentos no se los darán y estarán en la cárcel como los peores criminales y con los peores criminales de cada Estado? ¿Entiende que ellos no pueden ir aquí a la universidad pública porque les costaría el doble, entiende que ellos no tienen derecho a la salud pública? ¿Han comprendido eso?
ESPERANZA. Sin embargo, no todo es oscuro. Hay testimonios de emigrantes que han salido victoriosos, pero no sabemos hasta cuándo estarán en esa situación bonancible.
Otro gallo les canta a los 40 mil hondureños que se acogen al Estatus de Protección Temporal, (TPS, por sus siglas en inglés) pero aún así tienen sus sufrimientos. También el gallo le canta distinto a los que tiene ciudadanía, pero la han conquistado con sudor y dolor.
No puedo olvidar otra mirada positiva desde este país y es para las remesas que envían nuestros hermanos hondureños. Con ese dinero sus familiares han mejorado sus casitas. También hay personas que tienen la cultura del ahorro para el futuro, otros lo invierten en salud, otros pagan la universidad por adelantado de sus hijos para el futuro, cuando ellos asistan, ¡a ellos un aplauso fuerte, digno de ese dinero que reciben!
Usted dirá ¿por qué este padrecito, se mete con el dinero de nuestra familia? No me meto en su vida privada, más bien me da coraje y tristeza porque ahora yo los entiendo; los he visto trabajar, les he escuchado frente a frente sus historias de dolor, les he mirado con dolor y lágrimas y entiendo lo que esto significa. No decirlo sería un pecado social para mí, que Dios no me perdonaría, porque lo que hacemos injustamente con el dinero del pobre que se lo gana sufriendo, clama al cielo. Comparto mi inspiración en forma de versos con mucho dolor, porque la realidad que he experimentado. Inspiran mi corazón del pastor que quiero ser:
¿Dónde estas identidad, dónde te quedaste?
¿Nos ves que aquí nos llaman los indocumentados?
Ah, ya sé… te quedaste perdida en las montañas, sofocada en el desierto, arrastrada en la corriente.
Sí, ahí te quedaste, porque al cruzar la frontera tú dijiste: ¡”Váyanse ustedes, yo me quedo buscando mejor suerte”!
Yo no quiero escuchar esas palabras que taladran la mente, que trituran el alma, que te dejan inconsciente: ¡Son criminales, son delincuentes, son otra gente!
Identidad ahora te entiendo y te puedo decir cómo duele, qué mal se siente, que te digan esas cosas siendo inocente.
Llegamos aquí medios muertos.
El dolor y la fatiga, casi nos ganan la partida, pero seguimos adelante.
Nadie quiere morir sabiendo que de testigo sólo tiene el silencio y tus huellas escondidas en el tiempo, sin que nadie responda por su cuerpo. Una vez que les sirvas de alimento a todos los animales que pasan hambrientos.
Caminas sujetando el viento.
A veces miras atrás, porque tu corazón te dice: ¿Recuerdas aquella despedida de tus seres queridos?
Te pidieron muchas veces de rodillas ¡no te vayas, no me dejes, tal vez cuando vuelvas ya no me encuentres!
Y se funden en un abrazo como presintiendo es el último, en su regazo.
Entonces miras al frente como se juntan el cielo con la tierra.
Desafiando la distancia, recuerdas tu objetivo: “Debo buscar a mi amor, a mi madre, a mi hermano, a mi hijo”.
O simplemente el gran “sueño americano”.
Al fin llegas, con tan solo tu dignidad impregnada en la frente.
No te dejas vencer, porque sabes que nadie es ilegal por ser pobre y buscar mejor suerte.
¡No somos malos, somos inocentes!
Pero si esto significa ser criminales, entonces que venga Dios y nos dé muerte!
¡Al que le caiga el guante que se lo plante!... como dice el dicho popular.