Estados Unidos
La recesión tiene la costumbre de trastocar el orden establecido. Desde hace muchos años, los estadounidenses han trabajado jornadas más largas, con menos vacaciones, que otros pueblos de la mayoría de los países industrializados. Ahora, de pronto, a aquellos que lograron salvar su empleo se les está pidiendo que trabajen menos.
Entre los empresarios que tratan de evitar los despidos, la palabra clave es “licencia”. Los gobiernos estatales y municipales, las universidades, firmas de arquitectura y fábricas de concreto les están pidiendo a sus trabajadores, o en mucho casos los están obligando, que tomen vacaciones sin goce de sueldo. El presidente Barack Obama ha alabado la “generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus jornadas a ver que un compañero pierda su empleo”.
En California, 235,000 trabajadores del estado van a tomar dos días libres al mes. En Atlanta, la alcaldía ahora cierra los viernes. En enero, 6.9 millones de estadounidenses estaban trabajando a medio tiempo “debido al poco trabajo o a las condiciones de la industria”, una cifra más de dos veces superior que dos años antes, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales.
Empero, si estos tiempos no estuvieran tan cargados de ansiedad económica, ¿acaso no muchos trabajadores, hambrientos de tiempo personal, aprovecharían el trato que se les dio a los cerca de 5,000 empleados de Atlanta? Ellos trabajan una hora más de lunes a jueves y después tienen un fin de semana de tres días, con una reducción del 10% en su jornada de trabajo y en su sueldo.
El tiempo, después de todo, es una forma de riqueza; pero este país de obsesionados con el trabajo, acostumbrados a un consumo desenfrenado, por lo general elige al dinero en lugar del tiempo. Las licencias sin goce de sueldo pueden actuar como una forma de recalibración -una corrección del mercado, si se quiere- de ese inveterado desequilibrio. Quienes pueden darse ese lujo, de hecho, podrían llegar a apreciarlo.
Golpe
Claro, para quienes luchan por irla llevando, una licencia puede ser un duro golpe que los obligue a buscar un segundo empleo, cuando estos son escasos. En el condado de Suffolk, en el estado de Nueva York, solo 115 de los 10,500 empleados se ofrecieron de voluntarios para un programa de licencias en el primer semestre de 2008: lo suficiente para pagar cinco puestos de trabajo, precisó Steve Levy, ejecutivo del condado.
El gusto adquirido por tal tiempo “libre” quizá no dure cuando la economía se recupere, pero siempre habrá una posibilidad. Duriya Farooqui, directora de administración del desempeño en la alcaldía de Atlanta, dijo que ese acuerdo era algo que ella misma quería cuando estaba buscando empleo. “Sospecho que habría toda una multitud de padres que trabajan que elegirían esta posibilidad incluso en una economía totalmente equilibrada y funcional”, afirmó Farroqui, cuyo marido también trabaja y con el que tiene dos pequeños hijos.
John de Graaf, director ejecutivo de Recupera tu Tiempo, organización con sede en Seattle que aboga por reducir la carga de trabajo y la “hambruna de tiempo”, espera que perduren las jornadas reducidas. “A fin de cuentas podría no ser un sacrificio”, afirma. “Podría ser exactamente lo que necesitan para ser más felices y saludables”. Indicó que preferiría que aumentaran los permisos por maternidad y las vacaciones pagadas pero, a su entender, la reducción involuntaria del sueldo es una buena solución para un presupuesto reducido, si permite salvar empleos.
Haciendo a un lado por un momento las agudas preocupaciones financieras, las licencias podrían también colaborar en la solución a cuestiones que estuvieron en la causa de la crisis: ¿Cómo será Estados Unidos cuando concluya la crisis?
¿Seguirá siendo un país de gastadores en lugar de ahorradores? ¿La gente estará contenta con una casa más pequeña y con menos cosas? ¿No estaba trabajando demasiado, de todos modos?
“Ojalá que algo de esta recesión nos ayude a empezar a pensar en cuáles son las cosas importantes de la vida”, indicó De Graaf.
Algunos trabajadores ya han reaccionado a las licencias con más estoicismo que amargura.