Trinidad y Tobago
Un calorcito de esos característicos de la costa fue el que recibió a la Selección Nacional a su llegada a la capital de Trinidad y Tobago; los seleccionados llegaron unos minutos antes de las 3:00 de la tarde al aeropuerto de Piarco, en el centro de la ciudad y solo tuvieron un corto tiempo para visitar algunas tiendas dentro de la terminal aérea para luego salir por la entrada principal.
En el aeropuerto el equipo de Reinaldo Rueda causó gran expectación, ya que todos lucían su impecable uniforme azul que en la espalda dice Honduras.
Mientras se registraban los jugadores, algunos aficionados que se encontraban en la zona les dijeron algunas palabras ofensivas y repartieron algunas frases despectivas detrás de un vidrio; “en Trinidad van a perder”, juraban los fanáticos.
El Rambo de León vio cómo se burlaban de ellos, pero no perdió la calma. El volante del Parma se rió y dijo, entre dientes, “ya van a ver, se van a comer tres o mejor cuatro goles en el partido”.
Su sentido del humor inundó de felicidad al grupo, que se sintió más confiado con las palabras del Fantasista.
- Ja, ja, ja... qué te dijeron, le preguntó Osman Chávez a Julio César.
- No les pares bola, respondió el Loco.
Con todas las de ley...
Después de registrarse y tomar sus cosas, los futbolistas fueron conducidos hasta unos microbuses amarillos, uno de los medios de transporte más populares en Puerto España.
Se necesitaron tres de esas unidades para conducir a la delegación catracha.
Rueda y su cuerpo técnico se subieron al primer carro, junto a Carlos Pavón, Amado Guevara y el resto de legionarios; en el segundo iba la mayor parte de la base local y, por último, se subieron algunos componentes de la delegación, federativos, prensa y aficionados allegados al equipo.
Arrancaron los vehículos y una escolta policial los acompañó durante todo el camino. Dos motorizadas iban al frente de la caravana, que hacía un enorme bullicio por el ruido de las sirenas y los altavoces.
La selección se abrió paso a pesar del enorme tráfico que hay en Trinidad y, en menos de media hora, ya estaba instalada en su hotel, el lujoso Hyatt.