Honduras
Jesús es sepultado. Antes de que comenzara el día de reposo, el Salvador del mundo es llevado a la tumba.
La esperanza de María no desvaneció con la muerte de su hijo, por lo que el cardenal Óscar Andrés invitó al pueblo de Dios a no desmayar ante la adversidad y pedir por una Honduras más justa y con menos corrupción.
El sepulcro es la expresión de algo que humanamente llegó a su fin, algo irremediable, se desvanecen las esperanzas, se llena el corazón de miedo, soledad y tristeza.
La expresión de las mujeres sentadas frente al sepulcro refleja la actitud de la comunidad que Jesús formó, acongojada, abatida por su muerte, desvanecida en sus esperanzas.
Ellas reflejan la actitud de una comunidad que está abatida por la muerte, desalentada para seguir el camino de un Mesías que aparentemente ha sido derrotado por sus enemigos.
La fuerza del pecado aparece como vencedora, ya que su propósito de llevar al hijo de Dios a la muerte se ha cumplido.
Para sus discípulos no hay nada que hacer, para ellos la muerte tiene la última palabra, en cambio para María, de pie, junto a la cruz de su hijo, nos indica que hay que estar siempre listos para emprender de nuevo el camino.
Dolorida por la muerte de su hijo pero no vencida, ella sabe mantener abiertas las puertas de su corazón a la esperanza, alentar a los apóstoles a confiar en su hijo más allá de toda esperanza, ayuda a mantener activa la comunidad que ella misma comienza en la casa de Juan después de la muerte de su hijo.
Una comunidad que sigue creyendo y esperando en el crucificado. Pidamos para que en Honduras cese la corrupción, la injusticia y los hondureños se vuelvan más solidarios.