Honduras
Es asombroso ver cómo el pecado insensibiliza el corazón del ser humano.
La maldad de los verdugos de Jesús no conoce límites. A pesar de verle sin fuerzas y extenuado, siguen dándole de latigazos. Empujándole para que camine, y Jesús ya no se puede levantar.
Por tercera vez cae y está a punto de morir y qué le hace ponerse de pie. Siempre solo y exclusivamente su amor por ti.
Cuando su cuerpo le decía ya no puedo, su corazón pensaba en ti y clamaba al Padre y este le respondía: levántate porque de lo contrario no sabrán cuánto les amo.
Tú que en las pruebas y dificultades ves tantos motivos para ya no continuar, para dejarte vencer, aprende que solo un gran amor te dará la fuerza y el valor para seguir adelante.
Solo un amor superior puede ser capaz de resistir cuando el peso de la vida, de la injusticia y el pecado te hacen caer.
A pesar de tanta crueldad manifiesta en hermanos y hermanas que han sido encontrados muertos en orillas de los matorrales, jóvenes y niñas destrozados por los inhumanos violadores, campesinos asesinados por robarles sus tierritas, personas traumadas y con miedo porque han sido secuestrados, tanto desamor de hombres y mujeres que no entienden lo que Cristo hizo y sigue haciendo por todos los pecadores.
Pidamos valor al Señor para seguir denunciando el mal, saneando la sociedad; fuerza para levantarnos cuando nos sentimos desanimados, porque el mal crece más rápido que el bien y como Él lo hizo nos ponemos en pie para seguir adelante, mostrándole al mundo que el amor es más fuerte que el pecado.
No es fácil levantarse después de tantas caídas, pero es lo que debemos hacer, porque lo más importante no es nunca haber caído, sino levantarse cada vez que caemos, por eso debemos orar y que el ejemplo Señor nos ayude a levantarnos cada vez que caemos.
Hay que orar por nuestro sistema judicial, que quizás ha caído por más de tres veces, por el peso de quienes amañan y amenazan para que no les caiga todo el peso de la ley, para que se levanten e impartan justicia con diligencia y transparencia.
Además, por cada uno de nosotros, para que el Señor nos dé las fuerzas para seguir luchando y tratando de vencer el mal, a fuerza de hacer el bien y para que no nos desanimemos con facilidad.
Pedimos por todos aquellos que se encuentran postrados en los hospitales, para que no se sientan olvidados de Dios, para que unan sus padecimientos a los dolores del Señor que sufrió su pasión pensando en todos los que sufren y caen por el peso del dolor y la enfermedad.