España
Un vendaval de fútbol pasó por el Santiago Bernabéu y ni un inhumano Casillas fue capaz frenarlo. El mejor portero del mundo tuvo una actuación espectacular, pero con eso solo logró minimizar los daños, un 6-2 claro en contra.
La goleada fue insultante y no fue mayor por las prodigiosas manos de Íker y porque el Barça se gustó en exceso en ocasiones.
El Barcelona desplegó todo su juego, ese enorme repertorio de pases, de diagonales, de desmarques bien tirados, de paredes construidas a la perfección y dio un baile al Real Madrid. Otros lo llaman paseo. Venció con una autoridad incontestable y cerró la liga.
Se acabaron las ilusiones blancas y ahora lo que queda es descontar los partidos que restan para que el Barcelona se proclame campeón de una liga que se ha merecido. Dicen que antes de correr hay que aprender a caminar. Mientras este Barcelona va corriendo a su cita con la historia, el Madrid apenas está empezando a dar sus primeros pasos.
El Barcelona dirigido por un magistral Xavi, el gran crack en este conjunto de estrellas, puso al Madrid en su sitio, lo zarandeó sin contemplaciones, como si no fuera más que un juguete, y lo hizo con la misma elegancia con la que se ha manejado en todo el curso.
La superioridad del equipo que entrena Pep Guardiola fue tan grande que a su rival solo le queda reconocerla, aceptarla y ponerse a trabajar para intentar revertir la situación la próxima temporada. Este Madrid de Juande Ramos, el de las remontadas épicas, el de las históricas rachas victoriosas volvió a fallar en una gran cita. No estuvo a la altura del desafío que suponía el Liverpool en la Liga de Campeones ni lo ha estado ahora cuando le ha tocado jugarse la liga contra el Barcelona. Puestas las cartas boca arriba solo se puede decir que este Barça no va de farol. Por momentos, el juego del Barcelona rozó tanto la perfección que parecía un equipo imposible de frenar. Sabemos que se le puede parar, porque hay conjuntos capaces de hacerlo. Lo hemos visto. Pero el Madrid no es uno de ellos.
El Madrid lo intentó como pudo, como sabe, en realidad. Puso interés, ganas, esa entrega que le distingue de los demás, esa fe inquebrantable en sus posibilidades y que le impide darse por vencido. Pero muy poco fútbol y una pésima defensa que facilitó mucho las cosas a los azulgrana.
Dos goles de un inspirado Thierry Henry, dos más del brillante Lionel Messi y la aportación de los defensas Carles Puyol y Gerrard Piqué terminaron con la ilusión de liga de Real Madrid, que apenas logró responder con anotaciones de Higuaín y Sergio Ramos.