Honduras
El Día de las Madres no es una celebración cualquiera para Alba Luz Oseguera, una humilde capitalina de 46 años.
Asegura que aunque la fecha es un día de celebración a lo grande, la tristeza invade su corazón.
Y no es para menos, desde hace trece años su madre pasó a mejor vida. Aunque pasa el tiempo el recuerdo sigue palpable y la ausencia es más sentida.
Cada segundo domingo de mayo, Alba, junto con su familia, desde muy temprano sale de su casa ubicada en la colonia 3 de Mayo rumbo al Cementerio General.
Las coronas de ciprés y ramos de flores no pueden faltar en esta visita especial.
“Siempre vengo con mi familia a visitar a mi mamita querida, ella murió de cáncer en el pulmón a los 77 años y este día es muy triste para mí”, expresó con una voz entrecortada.
Las lágrimas fueron inevitables en el momento que arreglaba la tumba donde reposan los restos de la mujer que le diera la vida.
Para doña Alba, su madre María Oseguera fue todo un ejemplo de mujer, pues confiesa que sin el apoyo de un hombre pudo salir adelante con seis hijos.
“Ella nos crió a nosotros vendiendo cosas en la calle y siempre nos decía que prefería vender aunque sea para darnos de comer al día pero nunca regalarnos”, agregó Alba.
Cementerios abarrotados
Cientos de capitalinos, al igual que Alba, invadieron los cementerios públicos y privados de la ciudad.
A primeras horas del día, las personas acudieron a estos sitios para honrar en este día a aquellas que ya partieron de este mundo.
Muchos tenían sentimientos encontrados, tristeza y alegría formaron parte del momento.
Aunque dicen que los hombres no deben llorar, Ramón Turcios rompió con ese dicho, pues asegura que su madre fue única para él.
“Ella fue padre y madre a la vez, nos educó de la mejor forma y nos sacó adelante.
A ella le debo todo en mi vida, nunca dejaré de extrañarla”, afirmó este capitalino.
Durante todo el día familias enteras entraron y salieron de los cementerios dejando una muestra de amor a sus madres para siempre idas.
La mayoría de ellos no solo las visitan en este día, también lo hacen en noviembre, en el día de los fieles difuntos.
Los más pequeños de la casa también asistieron al lugar y con flores en mano visitaron la tumba de sus familiares.
El pequeño Óscar David González, de nueve años, limpió y colocó el ramo de rosas -que compró con su papá desde muy temprano- en la tumba de su madre.
Óscar asegura que no tuvo el privilegio de conocerla ya que ella murió al darlo a luz.
Con mucha tristeza, Óscar comentó que “es muy triste cuando celebran el Día de las Madres en la escuela”.
Color y fragancia
Un tapiz de flores de distintos colores y tamaños engalanaron las tumbas.
Margaritas, rosas, claveles y cartuchos, entre otros, formaron parte de la decoración de los cementerios.
Los puestos de flores en la entrada de estos sitios lucieron también abarrotados.
La mayoría de las personas compraron sus arreglos florales y coronas, asimismo el pino tapiscado se vendió como pan caliente.
En la capilla del Cementerio General se llevó a cabo una solemne eucaristía en honor a las difuntas madres.
Unas cien personas participaron en la misa para elevar plegarias al Divino Creador por aquellas que un día estuvieron presentes.
* Conmemoración: Cientos de personas, con flores en mano, abarrotaron los cementerios públicos y privados de la capital para celebrar el Día de la Madres.