Cumplir el sueño de la integración latinoamericana a través del legado histórico de los grandes héroes de la región es la utopÃa que se intenta despertar.
Un ideal que en los primeros años del siglo XXI es unificado por el entorno globalizante que aÃsla la esencia de su unidad y que es expuesto en una "Escuela Panamericana del Desasosiego" en el Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET).
Con este tÃtulo, el artista mexicano Pablo Helguera decidió emprender un proyecto de arte contemporáneo que parte de las reflexiones que viene realizando sobre el concepto del panamericanismo y que puede ser visitado por los capitalinos hasta el 14 de junio de 2009. Para simplificar el significado de panamericanismo, Helguera realizó un proyecto artÃstico que se resumió en un recorrido en automóvil desde la comunidad de Anchorage, situada en Alaska, hasta llegar con la población de Ushuaia en la Tierra del Fuego en la nación sudamericana de Argentina. Descifrar la unidad continental o la teorÃa expansionista de Estados Unidos mediante la doctrina Monroe fue uno de los motivos que encaminó los pasos de Helguera a conocer directamente a la población que ha sido marcada con el panamericanismo.
Última lengua. Antes de iniciar su enorme recorrido por el continente americano, el artista consiguió una beca de la Fundación Capital Creativo que funciona en Nueva York, Estados Unidos, ciudad en donde reside. Gracias al financiamiento de este organismo, que creyó en la propuesta de Helguera de recorrer alrededor de 40 mil kilómetros del continente, el artista emprendió su viaje el 19 de mayo de 2006 y lo finalizó el 15 de septiembre del mismo año. La adquisición de una camioneta y de algunos accesorios importantes para el viaje son algunas de las herramientas que hicieron posible la exposición contemporánea y nómada de "La Escuela Panamericana del Desasosiego". Su aventura comenzó en la helada Alaska, en donde logró contactar con MarÃa Smith Jones, la última hablante de la lengua eyak y nativa de la comunidad de Anchorage. Helguera conversó con la anciana mujer, quien también hablaba inglés y que compartió con el artista los últimos vestigios de una cultura casi extinta, puesto que solo era representada por Smith, quien murió pocos meses después de haber hablado con el artista llevándose a la tumba su histórico pasado cultural.
Obras móviles. Al recorrer los paÃses de Norteamérica, Helguera comenzó el arduo proceso de recolección de datos sobre las perspectivas de los habitantes de cada región sobre el panamericanismo o un tema que se les apetecÃa hablar. Las conversaciones se establecieron dentro de una carpa amarilla que contenÃa en su parte superior una campana. Esta instalación se hacÃa en cada ciudad en donde el artista se detenÃa. La obra hace alusión a una escuela, puesto que su objetivo era establecer conversatorios entre los habitantes de las ciudades por donde Helguera hizo su recorrido. Los debates polÃticos que se presentaron en "La Escuela Panamericana del Desasosiego" cuestionaron la desvinculación existente de los latinos con los temas heredados por José MartÃ, Simón BolÃvar, Francisco Morazán y otros próceres que brindaron su vida por hacer cumplir sus pensamientos de una sola región. Contrario a lo que sucedió en Estados Unidos, en donde se tenÃa claro la polÃtica de expansionismo. Los foros describieron como esta nación fue estableciendo una falsa polÃtica de "salvador del mundo".
La crÃtica efectuada por los participantes en este foro móvil, realizado en las 27 paradas oficiales que hizo Helguera, coincidió en que el principio de la formación polÃtica estadounidense para expandirse se basó en convertir a "los paÃses salvajes en territorios democráticos".
En Honduras realizó una parada en la Plaza La Merced, situada en el centro histórico de Tegucigalpa, el dÃa 23 de julio de 2006, en donde estableció su sede de "La Escuela Panamericana del Desasosiego" y donde se llegó a la conclusión de que Honduras debe ser conocida por el desarrollo de sus artes y no por la corrupción. Al llegar a la Tierra del Fuego, Helguera contactó mediante los vecinos de una de las comunidades del lugar más caliente del continente, a Cristina Calderón: la última hablante de yaghan, cuya lengua es nativa de Argentina y Chile. Con este valioso encuentro el artista logró cerrar un ciclo lingüÃstico e hizo recordar a los habitantes de este continente las lenguas que hilaron la historia de los nativos del continente y la riqueza del entorno latino. A lo largo del viaje, Helguera llevó a cabo performances, proyecciones de video, conversatorios, recolectó documentos, objetos, imágenes y obtuvo la colaboración de organismos e individuos de distintos paÃses por donde pasó el artista.