Estados Unidos
Hasta ahora, esa ha sido la estrategia de Obama. Le dejó a los legisladores la tarea de discurrir los detalles de su paquete de estÃmulo por 787,000 millones de dólares, en tanto siguieran su dirección general.
Evitó una batalla cuando el Congreso insistió en enviarle una ley de gastos llena de los proyectos preferidos en los que basó su campaña del año pasado. Cuando el Congreso dejó fuera del presupuesto su propuesta de un tope basado en el mercado de emisiones de gases con efecto de invernadero, no protestó mucho pues obtuvo casi todo lo demás que querÃa y calculó que la legislación sobre el cambio climático podrÃa conseguirse por otra pista.
"El congreso sólo ha seguido su programa y él nos ha dejado el trabajo detallado", explicó el senador Charles E. Schumer de Nueva York, vicepresidente del comité demócrata del senado. "El congreso harÃa piruetas para darle gusto pues se da cuenta de que vamos en el mismo barco." Y agregó: "Es inevitable que haya enfrentamientos pero, gracias a nuestras relaciones tranquilas, no serán tan enconados como han sido en el pasado".
Obama, claro, es el primer presidente que llega a la Casa Blanca recién salido del Congreso desde Gerald R. Ford, hace casi 35 años, y se trajo a un vicepresidente, un secretario de la Casa Blanca, un director de presupuestos, un director legislativo y varios miembros del gabinete con amplia experiencia en el Capitolio.
Los republicanos acusan a Obama de ser demasiado pasivo y permitir que la directiva del Congreso lo lleve por la nariz. Sus asistentes aseguran que él simplemente soluciona sus diferencias en privado. Emanuel no pudo dejar de burlarse del interés por la falta de peleas públicas a la fecha. "The New York Times es como una madre judÃa", señaló.
"Cuando las cosas están enconadas, gime. Y cuando no lo están, se pregunta porqué". A fin de cuentas, todo se reduce a decisiones. Si el congreso aprueba un plan de asistencia médica sin la opción de seguro manejado por el gobierno, que cuenta con el favor de Obama, ¿decidirá éste que vale la pena un enfrentamiento? Si Obama designa a un juez de la Suprema Corte que provoque una batalla ideológica, ¿se clavará en las guerras de confirmación, que tradicionalmente han sido polarizantes?
El atractivo de una batalla ganada en contra de las posibilidades debe sopesarse con la perspectiva de perderla. Una vez que el presidente sufre su primera derrota empieza a desvanecerse su aura de invencibilidad.
"Si se aprueba una ley por un solo voto, puede decirse que es un momento decisivo", afirmó el ex senador John B. Breaux, demócrata de Louisiana. "Pero si se pierde por un solo voto, es un momento decisivo en sentido negativo: uno no fue muy listo o no tuvo la fuerza necesaria para hacerla aprobar".