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Sombra de dolor y consternación

El fuerte sismo dejó cinco fallecidos. Eran originarios de Cortés, Atlántida, Lempira y Francisco Morazán
28.05.09 - Actualizado: 28.05.09 11:25pm - Redacción: diario@elheraldo.hn

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Honduras,

Honduras

No solo fue zozobra y desconcierto. En medio de la noche y del tronar de la tierra, la sombra de la muerte dejó su estela de dolor y consternación.

En la zona noroccidental del país radicaban cuatro de las cinco víctimas que dejó el seísmo de 7.1 grados en la escala de Richter y que tuvo su epicentro a unos 130 kilómetros al noreste de La Ceiba.

Los ahora occisos eran originarios de los departamentos de Yoro, Cortés, Atlántida, Lempira y Francisco Morazán, según el Comité Permanente de Contingencias (Copeco).

Fallecidos

Las víctimas que se reportan hasta ahora son Deily Jazmín Santos Girón, de 9 años y originaria de Morazán, Yoro; José Vicente Maradiaga, de 45 años y residente en Tela, depto. de Atlántida; Ray Maldonado, de 15 años y oriundo de San Manuel, Cortés; una niña que solo fue identificada como Magdalena, de apenas 3 años y residente en Mapulaca, Lempira; y Concepción López Ramos, de 55 años de edad y residente en Tegucigalpa, Francisco Morazán.

Esta última habría fallecido a causa de un paro cardíaco que la habría provocado la conmoción por el temblor.

Ray Maldonado asistiría ayer a su último día de colegio de este año, pero ni él ni nadie se imaginó que no llegaría a clases, pues al amanecer su vida se derrumbó en instantes.

El temblor que se suscitó la madrugada de ayer aterró el futuro de Ray Maldonado Fúnez, de 15 años. Ray dormía junto a su hermano Reinaldo en una habitación de una casa de dos plantas ubicada en la colonia Pineda de este municipio.

“Solo dos pasos le faltaron para salvarse. Es un dolor muy grande el que se siente”, dijo su abuelo materno, Miguel Fúnez.

“Yo los quería salvar a los dos. Pero no podía levantar nada, todo era muy pesado”, narraba entre llanto la madre del infortunado, Judith Fúnez.

El adolescente cursaba el octavo grado en el centro privado Sunshine, del municipio cercano de La Lima. Sus compañeros también lloraron su partida.

A eso de las cinco de la tarde, en medio de inconsolable llanto, se le dio cristiana sepultura a Ray en el cementerio de Lima Nueva; su hermano Reynaldo, de 20 años, aún con las lesiones que le produjo el derrumbe, estuvo acompañando en todo momento a su madre Judith y a su hermanita de cinco años, que no comprendía la magnitud de la tragedia.

Terrible zozobra

Como si el luto que envuelve al sector noroccidental del país no fuese suficiente, ciudades como San Pedro Sula, El Progreso, La Lima, Tela y La Ceiba, entre otras, se vieron envueltas en la zozobra.

En San Pedro Sula se reportaron daños leves en la mayoría de edificios, a excepción del Palacio de Justicia, que se resquebrajó como si fuera una cáscara de huevo; el resto de edificaciones- como hoteles y viviendas- salieron bien libradas del desastre natural.

El director de ingeniería municipal, Fredy Fugón, informó que el movimiento sísmico no provocó daños significativos en la infraestructura de la ciudad.

Roberto Pagoada, jefe de la Unidad de Alerta Temprana, indicó que el Codem está en sesión permanente y sigue todos los pormenores de la alerta verde declarada en Cortés.

Servicios a medias

El terremoto también afectó las redes de comunicación y el fluido eléctrico.

La mayoría de las colonias y barrios de la ciudad se quedaron a oscuras, aunque el servicio se fue restableciendo paulatinamente.

Percy Bu, gerente técnico de la Enee, manifestó que los daños registrados se localizaron en transformadores, postes y líneas de conducción y transmisión.

Las cuadrillas de la estatal trabajaron ayer en la reparación de los postes en Las Palmas, Paz Baraona y las colonias Montefresco y La Satélite, agregó Carlos Rodríguez Paintig, portavoz de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE).

Mientras tanto, la red de agua potable de la ciudad salió bien librada, aseguró Dina Bulnes, vocera de la concesionaria Aguas de San Pedro.

Ella informó que sí se suspendió el suministro del vital líquido en algunos sectores, pero a causa del apagón.

El servicio de telefonía fija de Hondutel colapsó por varias horas debido a la saturación de llamadas de los ciudadanos que querían comunicarse con sus familiares.

* La mayoría de las víctimas fallecieron mientras dormían debido a que les cayeron encima escombros de sus viviendas.

“Mi madre celestial es la que me tiene con vida”

Creyó que la tierra se abría, un escandaloso crujido delataba a la tragedia que venía acompañada de la oscuridad de la noche.

“Mi padre celestial me tiene viva y me ayudó a cargar esa pared que se derrumbó sobre mis hombros, todo fue tan rápido y quedó en tinieblas, solo escuchaba cómo se estremecía el suelo y tronaban las paredes”, recuerda con lágrimas en sus ojos Florinda Oseguera, de 73 años, quien llegó en horas de la madrugada a la sala de emergencia del hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula, luego que su casa se derrumbara en el sector de El Balín, Santa Cruz de Yojoa.

“Quería salvar a mi familia y la impotencia de no poder caminar por mi vejez no me dejaba. Es lo más triste y doloroso que he pasado en mi vida, pedía al cielo que se terminara todo. Escuchaba gritos de desesperación y llanto de las personas, no sabía adónde ir”, comenta la acongojada mujer.

La anciana recuerda: “de repente ya no pude caminar, sentí un desplomamiento en el cuerpo y el dolor en mi cadera era más fuerte. Dios fue misericordioso y piadoso, ahora solo le pido que me ayude a resistir el inmenso dolor en mi cuerpo”.

Pero las historias de horror no se quedan aquí. Tres días bastaron para que la inmensa alegría que le provocó la llegada al mundo de su hijo se convirtieran en la más grande angustia que ha padecido.

Se trata de Marili Figueroa, vecina de Río Blanquito, Choloma, quien vivió minutos de angustia junto a su recién nacido en la sala de Medicina de Mujeres del Mario Rivas.

“Hace tres días nació mi hijo y juntos estábamos en la cama dormidos. De presto sentí que el hospital se estaba cayendo en pedazos, miraba cómo doctores y enfermeras gritaban y salían a la carrera, todo era pánico y desesperación. Como pude me levanté y agarré duro al niño porque tenía miedo que se me cayera y que muriéramos aplastados. Me angustié cuando miré mujeres, hombres y niños tratando de salvarse, me asomé por las escaleras y muchos internos se quedaron en medio de las gradas gritando que les ayudaran a escapar”, dice la joven madre.

Figueroa relata que cuando la luz se fue, “dije, Diosito, ¿qué es esto?, luego escuché cómo las sirenas de los bomberos llegaban al hospital y los rescatistas preguntaban si habían heridos. Varias camas quedaron vacías y los pocos que no pudimos salir nos unimos en oración. Siento tristeza y miedo, le pido piedad a Dios y a la Virgen”, expresó.
* Momentos de angustia y desesperación vivieron los pacientes del Mario Rivas, tras el temblor de 7.1 grados que azotó a la zona norte.

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Angustia. Familiares reclaman el cadáver del joven Ray Maldonado, quien falleció en la comunidad de San Manuel, Cortés.
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